La economista Gloria Ayala Person explica cómo los jóvenes pueden utilizar su primera tarjeta de crédito sin comprometer sus ingresos, evitar el sobreendeudamiento y construir un buen historial financiero.
La primera tarjeta de crédito suele llegar con la promesa de facilitar las compras, acceder a promociones y resolver gastos cotidianos. Pero detrás de ese plástico hay una obligación que no debe perderse de vista y es que el dinero utilizado deberá devolverse.
Para la doctora en Economía y Ad­ministración de Empresas, Gloria Ayala Person, comprender esa diferencia es el primer paso para manejar el crédito con responsabilidad. “El límite de la tarjeta no es dinero propio ni un aumento de sueldo”, advirtió. Se trata del máximo que la entidad está dispuesta a prestar. Por eso, antes de aceptar una tarjeta, recomienda conocer los costos de man­tenimiento, la tasa de financiación, las fechas de cierre y vencimiento, además de las consecuencias de pagar tarde.
Una compra de seis cuotas de G. 200.000 representa G. 1.200.000 comprometidos, aunque el desembolso se distribuya en el tiempo.
Su punto de partida es elegir un límite que se pueda administrar con tranquilidad y preguntarse: “Si maña­na llega el extracto, ¿tengo el dinero para pagarlo completo?”. La revisión mensual del documento también resulta fundamental para controlar las operaciones, los cargos, la deuda total y el pago mínimo.
Gastar dentro del presupuesto. Gloria no establece un porcentajeuniversal de utilización del límite. El nivel de endeudamiento depende de los ingresos y de las obligaciones de cada persona. Su regla es usar únicamente el monto que pueda cubrir con su presu­puesto, considerando los demás gastos al momento del vencimiento.
La tarjeta puede servir para com­pras recurrentes y aprovechar pro­mociones o reintegros, siempre que se cancele el total de la compra antes del cierre correspondiente. El riesgo aparece cuando se financian gastos que volverán a repetirse, como los alimentos. Para quienes están comen­zando, sugiere asignar a la tarjeta un uso concreto y un tope mensual fácil de controlar.
Revisar el resumen, conocer el límite y saber de dónde saldrá el dinero para pagar son claves para utilizar la primera tarjeta de crédito sin comprometer el presupuesto.
El costo de pagar solo el mínimo. La diferencia entre cancelar el total y abonar el pago mínimo puede trans­formar una deuda manejable en una obligación creciente. La economista ejemplifica que si el extracto registra G. 1.000.000 y el pago mínimo es de G. 100.000, pagar el total permite cancelar la deuda. En cambio, al abonar solo el mínimo, quedan aproximadamente G. 900.000, sobre los que pueden aplicarse intereses de financiación y otros car­gos, según el contrato.
Si el siguiente mes se realizan nuevas compras y se repite el pago mínimo, el saldo aumenta, los intere­ses se acumulan y el límite disponible comienza a reducirse. “El pago mínimo no es tu deuda”, señaló, y recomendó pagar el monto total del periodo.
Cuotas y educación financiera. Antes de aceptar una compra en cuotas sin intereses, aconseja comparar el precio al contado con la suma de los pagos y revisar comisiones, seguros y condiciones por atraso. Seis cuotas de G. 200.000 representan G. 1.200.000 comprometidos hoy, aunque el pago se distribuya en el tiempo. Además, la suma de las cuotas de deudas no debería superar el 25 % de los ingresos netos disponibles.
Para la especialista, la educación financiera permite distinguir una necesidad de un impulso y compren­der que el crédito no reemplaza los ingresos. “Cada vez que uses la tarje­ta, decidí de dónde saldrá el dinero para pagarla”, resumió en su consejo final. Si no existe una respuesta en el presupuesto, esperar antes de com­prar puede evitar meses de preocu­pación, agregó.