Septiembre inaugura un calendario de importantes celebraciones, que se extienden hasta el mes de diciembre, en el que la imagen adquiere protagonismo. Debuts en sociedad, galas, bodas y encuentros especiales llenan la agenda. ¿Qué vestido elegir para cada ocasión? ¿Cómo acertar con el maquillaje, el peinado y el protocolo? Las asesoras María Fernanda González y Giselle Leiton comparten las claves.
El noveno mes del año tiene una manera particular de anunciar que empieza otra etapa. Cambian las lu­ces, las noches se vuelven más ame­nas y el calendario social comienza a llenarse de galas, recepciones, bodas y celebraciones que exigen algo más que un vestido bonito.
En los grandes clubes y salones del país, septiembre marca también el regreso de una escena que combi­na tradición, protocolo y moda. Los debuts en sociedad, los bailes y las reuniones de gala recuperan prota­gonismo y plantean un desafío que se renueva en cada generación: ¿cómo vestir para una noche importante sin dejar de ser uno mismo?
Este año, el calendario tiene una cita singular: el Debut del Centena­rio, previsto para el 18 de septiembre. La celebración recupera el ritual de la presentación en sociedad y pone en escena una estética en la que el vestido largo blanco, el maquillaje, el peinado y la etiqueta forman parte de una misma narrativa.
Giselle Leiton destaca la importancia de conocer el código de vestimenta y adaptarlo a la personalidad, la silueta y el estilo de cada persona.
El desafío no es solo cumplir con el protocolo, es encontrar identidad dentro de él. Para María Fernanda González, asesora de imagen especia­lizada en estilismo y producción, las tendencias pueden inspirar, pero no deberían convertirse en una regla. Especialmente a los 16 años, cuandocada debutante todavía está descu­briendo su propio estilo.
“Un corset, una silueta determina­da, un bordado o un peinado pueden incorporarse al look siempre que el resultado siga hablando de quien lo lleva. Incluso dentro del código del vestido largo blanco existe espacio para explorar tejidos, texturas, bor­dados y diseños capaces de construir una imagen romántica, clásica, mini­malista o contemporánea”, explicó.
El maquillaje sigue la misma lógica. Esta temporada apuesta por pieles luminosas, acabados glowy, rubores visibles y ojos definidos con suavidad. “El clean makeup tam­bién encuentra su lugar en las galas, pero adaptado a una noche especial: iluminador estratégico, tonos tierra, champagne, dorados suaves, beigeo malvas y labios en nudes o rosas”, indicó. La consigna es frescura con sofisticación.
María Fernanda González propone interpretar las tendencias sin perder frescura ni identidad.
Vestirse para la ocasión. Cuando el evento exige gala, el protocolo se convierte en el primer filtro. Giselle Leiton, asesora de imagen personal, profesional y autora del libro “REVI­VE tu imagen y tu poder” plantea que conocer las reglas no significa renun­ciar al estilo personal, sino utilizar­las como punto de partida.
Para las invitadas, el vestido largo es el código. Los modelos cortos pueden funcionar perfectamen­te en otras celebraciones, pero no corresponden a una gala de estas características. Otra regla impor­tante es que se deben evitar colores como el blanco, marfil, champagne y tonos demasiado claros que puedanconfundirse con los vestidos de las jóvenes protagonistas.
A partir de ahí, la noche se abre a una paleta sofisticada. Negro, azul marino, vino y verde petróleo permi­ten construir looks elegantes, mien­tras que géneros como satén, raso, crepé o seda aportan movimiento.
Una nueva generación entra en escena con elegancia y emoción.
La regla de oro: elegir dónde poner el foco. Si el vestido tiene protagonismo, los accesorios deben acompañar. Una joya especial puede convertirse en el detalle que comple­te la imagen.
“También cuentan la silueta y la colorimetría. No todos los cortes fa­vorecen de la misma manera ni todos los colores generan el mismo efecto. El vestido ideal es el que respeta las proporciones y potencia a quien lo lleva”, reveló Giselle.
Para las madres de las debutan­tes aparece otro equilibrio delicado: “lucir elegantes y espectaculares sin competir visualmente con sus hijas”.
Los caballeros que participan del vals tienen una fórmula clásica compuesta por saco blanco o crudo con pantalón negro. Pero, incluso allí el detalle manda. “Hombros, man­gas, largo del saco y pantalón deben responder a las proporciones del cuerpo”, señaló.
Los detalles tienen el poder de transformar un look y darle una identidad propia.
Una primavera para volver a vestirse de gala. Entre septiembre y diciembre, la agenda social recupera el brillo de las grandes noches. Los debuts y las galas convierten la moda en parte de una experiencia mucho más amplia en la que presentarse, ce­lebrar y construir recuerdos forman parte de una constante.
Si bien las tendencias cambian, lo que permanece es la necesidad de en­contrar un equilibrio entre protocolo e identidad, elegancia y frescura.
“Una gran noche no empieza cuando se encienden las luces, sino frente al espejo, cuando cada persona decide cómo quiere entrar en esce­na”, concluyó la experta.
La consigna en cuanto a maquillaje es ganar frescura y sofisticación