La empresa impulsada por la ingeniera ambiental Cinthia Figueredo transforma residuos de papel en biomateriales, algunos de ellos hasta con semillas integradas, que pueden germinar tras su uso, abriendo una nueva línea de desarrollo en bioeconomía, diseño sostenible y potencial inversión en industria verde.
En Paraguay, un papel no siem­pre termina donde debería. Muchas veces, acaba en cauces hídricos que, en días de lluvia, provoca tapona­mientos, inundaciones y daños ambientales.
Pero no todo resi­duo está condenado a convertirse en basura. A veces se transforma en producto, otras en insumo de diseño y, en su versión más disruptiva, en algo que vuelve a la tierra y germina.
P de Papel ha sido reconocida con importantes premios y cuenta con Sello Verde por su impacto ambiental y modelo de economía circular.
Eso es lo que ocu­rre en P de Papel, el emprendimiento lide­rado por la ingeniera ambiental Cinthia Figueredo, que convirtió residuos urbanos en materiales de alto valor agregado para sectores como edu­cación, arte, eventos y packaging cor­porativo. “Yo no empecé buscando una empresa sino tratando de enten­der qué valor tenía lo que el sistema descartaba”, relató.
Sus productos ya forman parte de los empaques de empresas como ueno bank, llevando la innovación sostenible del laboratorio a la industria corporativa.
Cinthia se graduó en 2019 y consi­guió el empleo de sus sueños justo an­tes de la pandemia. Sin embargo, su entusiasmo duró apenas una sema­na, pues con la llegada del Covid-19, todos los planes se derrumbaron.
Esto la llevó a iniciar, junto a una colega, un proyecto de recolección de residuos reciclables. Con el tiempo descubrió las limitaciones del mode­lo tradicional. “Era mucho esfuerzo para muy poco retorno”, explicó. En­tonces dejó de enfocarse en recolec­tar para empezar a transformar.
Así nació P de Papel, una papele­ría ecológica artesanal que trabaja con papel reciclado, fibras de jeans recuperadas de procesos de con­fección, entre otros materiales que pasan por un proceso que incluye remojo, licuado, formación de pulpa, moldeado y secado. “No hay dos pa­peles iguales”, afirmó.
Cuadernos, agendas, packaging, tarjetas y piezas de diseño constituyen algunas de las propuestas.
La producción es artesanal y prioriza el valor agregado antes que el volumen. De allí surgen cuader­nos, agendas con tapas plantables, señaladores, tarjetas, papeles para artistas, material escolar, macetas, y packaging empresarial.
Lo novedoso es que algunas piezas incorporan semillas de zanahoria, le­chuga, perejil y tomate. “El papel deja de ser solo soporte. Empieza a ser un sistema”, señaló.
Una vez utilizado, el papel puede degradarse en pocos meses y per­mitir la germinación de las semillas incorporadas, convirtiéndose en un producto biodegradable con función regenerativa.
Hojas de papel con semillas de zanahoria, tomate, lechuga y perejil que, tras su uso, pueden volver a la tierra y germinar.
Hoy, el principal desafío es es­calar un proceso intensivo en mano de obra y dependiente del clima. Sin embargo, P de Papel tiene todo el po­tencial para ser una alternativa real dentro de la economía circular.
¿Qué hace falta? Conectar conoci­miento (universidades), validación técnica (laboratorios) y escalamien­to productivo (sector privado). Aho­ra, ¿quién se animará a invertir para convertir a P de Papel en el punto de partida de una industria verde escalable?