Desde Irine’s Kids, Stefani Acosta, psicóloga y emprendedora, desarrolla hamacas sensoriales diseñadas para reducir el estrés, favorecer la regulación emocional y crear espacios de bienestar.
En la pandemia, cuando el mundo buscaba nuevas formas de adaptarse y hallar calma, Stefani Acosta encontró una idea que transformaría en un em­prendimiento con propósito. Psicóloga de profesión, comenzó a investigar sobre las hamacas sensoriales y descu­brió una herramienta capaz de gene­rar contención, relajación y bienestar.
Así nació Irine’s Kids, una pro­puesta paraguaya que combina psico­logía, diseño y producción artesanal para crear espacios donde las perso­nas puedan desconectarse del ruido cotidiano y recuperar el equilibrio emocional.
Stefani Acosta es la creadora de Irine´s Kids.
Las hamacas sensoriales son diseñadas para envolver el cuerpo y generar una sensación de contención similar a un abrazo. El movimiento suave y el balanceo, estimulan dife­rentes sentidos y ayudan a alcanzar estados de mayor relajación.
“Da esa sensación de nido, de contención; la persona siente que está dentro de algo seguro, como el útero materno en los niños”, explicó.
Aunque inicialmente fueron utiliza­das principalmente para niños con autismo o trastornos del procesamiento sensorial, hoy las usan personas con estrés, ansiedad, practicantes de yoga e incluso empresas.
“Está comprobado que unos 10 minutos de balanceo generan una sensación de regulación emocional y también física”, reveló Stefani.
El uso durante 10 a 15 minutos favorece una pausa consciente que ayuda a disminuir la tensión física y emocional.
Uno de los diferenciales de Irine’s Kids fue adaptar el diseño a las nece­sidades del mercado paraguayo. La emprendedora investigó materiales, telas y sistemas de instalación hasta desarrollar una hamaca más amplia, cómoda y funcional.
“Vi que algunas hamacas eran muy pequeñas, donde algunos niños solo podían balancearse parados. Entonces le di mi sello: las hice más largas, con cuerdas más accesibles y pensando en que cualquier persona pueda instalar­la en casa”, señaló.
Miden unos dos metros de largoy se instalan en diferentes espacios, desde una habitación hasta un jardín o viajes. El precio también fue pensa­do para facilitar el acceso: se comer­cializan desde G. 250.000, incluyendo accesorios y opciones de colores personalizados.
Su visión es llevar esta experien­cia al mundo corporativo, donde las pausas de bienestar comienzan a formar parte de la cultura empresa­rial. “Hoy está muy de moda que las empresas tengan un espacio donde el empleado pueda ir diez o quince minutos a leer, relajarse o bajar un poco el ruido. Queremos instalar esa cultura de que el colaborador necesi­ta un tiempo de calidad”, refirió.
Y es que, para Stefani, el descanso consciente no es pérdida de tiempo, sino una inversión en las personas.