Una pasión que nació en la infancia, entre milanesas caseras, experiencia que llevó a Martín a tener hoy su restaurante, tras casi 15 años de vivir en Argentina.
La vida lejos de casa reforzó el vín­culo de la infancia, entre recuerdos de las milanesas caseras de la mamá, poco a poco fue forjando un sueño que no sabía que era el suyo. Montar el restau­rante propio y cocinar platos caseros con el alma, una pasión descubierta al vivir casi 15 años fuera del país.
El Gatto Restó Bar, es una casona que transmite ese calor de hogar a la hora de servirse un almuerzo o una cena.
Así nació El Gatto Restó Bar, en una casona que transmite ese calor de hogar a la hora de servirse un almuerzo o una cena, bien casero y el toque de comer afuera. La propuesta combina opciones saludables, platos del día y clásicos que conectan con la memoria.
Milanesas, pastas, paella, comida ita­liana y asados los jueves, viernes y sá­bados por la noche. Los clientes pueden tanto servirse en el local o pedir para llevar. Un concepto que abraza el calor del hogar, la infancia y el buen comer.
“Queremos que cada plato haga sentir a nuestros clientes como en casa, disfrutando ya próximamente de la Navidad en familia. Es una propuesta cálida y festiva hecha con amor”, expre­só Martín Barrios, chef propietario del restaurante quien abrió las puertas de su local a FOCO Business.
El menú navideño incluye lengua a la vinagreta, vitel toné, torre de panqueques con capas de fiambres, atún, lechuga, tomate, palmitos y mayonesa, entre otros.
Para las fiestas de fin de año, El Gatto ofrece un menú especial que refuerza su esencia; sabores tradiciona­les hechos con dedica­ción. Incluye milanesas caseras, lengua a la vinagreta, vitel toné, pollo al horno, ensalada rusa y su ya reconocida torre de panqueques con capas de fiambres, atún, lechuga, tomate, palmitos y mayonesa.
El Gatto nació hace apenas unos meses, cuando su socio co­mercial Federico Cazal le propuso iniciar un emprendimiento juntos. Desde entonces, el local se consolidó como un espacio cálido, cómodo y familiar, pensado para disfrutar solo, en pareja, entre amigos o en familia.
Martín comenta que estuvo casi 15 años viviendo en Argentina, volvió a Paraguay con una certeza, era momen­to de apostar por algo propio. Lo que no imaginó es que ese proyecto terminaría convirtiéndose en un refugio emocio­nal, para él y para quienes cruzan la puerta de su restaurante.
El Gatto es ahora un restó-bar en Asunción, que ofrecer algo tan simple y tan difícil de encontrar; comida casera que se siente como volver a la casa de mamá. “Estuve muchos años intentan­do abrirme camino afuera, en el mismo rubro, pero con la pandemia y por cómo se puso allá Argentina, volví cerca de mis seres queridos”, dijo.
Martín estuvo casi 15 años viviendo en Argentina, volvió a Paraguay con una certeza, era momen­to de apostar por algo propio. Foto: Jorge Jara
Lo tomó como una oportunidad, pues gracias a eso hoy puede explotar la experiencia acumulada, ponerle cariño, amor y magia a cada plato, agregó. Martín compartió que su pasión por la cocina nació en la infancia, cuando ayudaba a su mamá a preparar milane­sas caseras.
La vida lejos de casa reforzó ese víncu­lo, pues tuvo que cocinar para sí mismo, luego para amigos y familiares, lo que fue un cable a tierra. “Ahí me di cuenta de que en mi sangre corría esto”, sostuvo.
Hoy, ese origen inspira cada rin­cón del restaurante. El ambiente, los sabores y la hospitalidad transmiten esa identidad, el deseo de ofrecer un lugar donde siempre se quiera volver. El local se encuentra en Concejal Vargas 1328 esquina Lillo.
El Gatto Restó Bar es una casona que transmite ese calor de hogar a la hora de servirse un almuerzo o una cena, bien casero y el toque de comer afuera. Foto: Jorge Jara