• Por Karina Hugo.
  • Especialista en Educación
Un país también existe en las palabras con las que se nombra. Existe en sus relatos, canciones y libros; en las historias que pasan de una generación a otra.
Preguntarnos quién cuenta Paraguay es preguntarnos quié­nes somos, qué recordamos y qué convertimos en memoria. Toda nación necesita un relato: una con­versación entre pasado, presente y futuro.
Paraguay tiene una extraordi­naria riqueza de voces. Antes de la escritura estuvo la palabra oral; antes de los archivos, la memoria. En el centro está el guaraní, mucho más que una lengua, una forma de comprender el mundo.
Nuestra literatura ha sido una búsqueda de identidad. En Roa Bastos, Josefina Plá, Gabriel Casac­cia, Elvio Romero y Susy Delgado, Paraguay aparece como territo­rio, memoria, conflicto, silencio, belleza y pregunta. La literatura intenta comprender qué significa ser paraguayo.
La música cuenta. Una guarania puede contener una geografía en­tera. Una canción puede conservar aquello que los documentos no re­gistraron. La cultura es la memoria cuando se convierte en creación.
La memoria también es una for­ma de ciudadanía. Sin historia, una sociedad comprende peor su pre­sente y queda vulnerable a relatos simplificados o versiones interesa­das. Cuando un país descuida sus libros, archivos, museos, lenguas, escritores y artistas, pierde patri­monio y los instrumentos con los que puede pensarse.
Pero conservar la memoria no significa convertir la identidad en una pieza de museo. Una cultura viva interpreta, cuestiona, trans­forma y crea nuevas formas de decirse.
El Paraguay no es solo sus símbolos oficiales. Es también el de sus escritores, artistas, comu­nidades y jóvenes creadores que escriben hoy las páginas del futuro.
¿Qué Paraguay estamos contan­do? Cada generación recibe una memoria y debe ampliarla.
Porque la identidad no se de­creta. Se construye, se discute, se recuerda, se crea y, sobre todo, se ejerce.