• Por Rosmery Argaña.
  • Directora General de Formalización y Registro – MIC
Una empresa no solo pierde cuando le falta talento. También cuando tiene el talento adecuado en el lugar equivocado. Detrás de la productividad, la innovación o el crecimiento hay una variable que puede potenciarlos o limitarlos: las personas.
El desafío es ubicar esas capa­cidades donde generen valor. La pregunta es: ¿están bien en el lugar correcto?
Talento no es lo mismo que desempeño: El talento es una capacidad potencial; el desempeño es lo que efectivamente produce. Por eso, ante una caída de resulta­dos, no siempre hay que preguntar si falta talento, sino si el talento disponible está en condiciones de rendir.
No todo buen profesional tiene que ser jefe: Un excelente técnico puede convertirse en un gerente mediocre. El mejor vendedor no necesariamente será el mejor gerente comercial. Un especialista puede generar más valor profundi­zando aquello que hace excepcio­nalmente bien que administrando personas y presupuestos.
El Principio de Peter, formulado en 1969, plantea que las personas pueden ascender hasta alcanzar su nivel de incompetencia. Por eso, las organizaciones deberían ofrecer alternativas de desarrollo sin que el único camino sea ocupar un cargo.
¿Dónde puede generar más va­lor? En vez de preguntar solamente “¿puede esta persona hacer este trabajo?”, conviene sumar: “¿dónde puede generar más valor?”.
Hay cuatro preguntas útiles: ¿qué hace particularmente bien?, ¿qué la moviliza?, ¿qué necesita la empresa? y ¿dónde se encuentran esas dimensiones? Allí puede exis­tir una oportunidad concreta.
El costo de estar en el lugar equivocado se refleja en capacida­des desaprovechadas y oportunida­des que no se concretan. Gestionar talento exige conocer fortalezas, descubrir dónde pueden hacer una diferencia y repensar roles.
Porque tan importante como contar con personas talentosas es crear el lugar donde ese talento pueda convertirse en resultados.