• Por Andrea Peris.
  • Comunicadora y CEO de Carreteras y Algo más
La oportunidad no se medirá por cuántos camiones atraviesen Paraguay, sino por cuánto valor seamos capaces de retener.
Durante décadas hablamos de la mediterraneidad del Paraguay como una desventaja. Hoy, la Bioceánica nos obliga a mirar nuevamente el mapa y nuestro lugar en él.
El corredor nos acerca al Atlántico y al Pacífico y coloca al Chaco en una posición inédita dentro del comercio regional. Pero la oportunidad no está solamente en facilitar el paso de mer­caderías.
Existe una enorme diferencia entre ser un país de tránsito y convertirse en un hub logístico. El primero deja pasar cargas; el segundo genera servicios, empleo, tecnología e inversiones.
Para lograrlo, las carreteras son indispensables, pero no suficientes. Necesitamos puertos, hidrovía, pasos fronterizos ágiles, centros logísticos, energía confiable, conectividad digital, industria e inversión privada.
La infraestructura tampoco debería evaluarse solo por kilómetros construi­dos. Debemos preguntarnos cuántas empresas atrae, cuánto empleo crea, qué inversiones moviliza y cuánto redu­ce nuestros costos logísticos.
Una carretera transporta merca­derías. Un corredor bien planificado transforma territorios.
El Canal de Panamá nació de una idea extraordinaria: conectar dos océanos. Más de un siglo después, su importancia excede aquella conexión física, pues transformó rutas comercia­les y convirtió la ubicación geográfica en un activo estratégico. Las grandes infraestructuras producen efectos que trascienden la obra que las originó.
La Bioceánica puede representar para Paraguay una oportunidad de esa naturaleza, a nuestra propia escala. No porque las obras sean comparables, sino porque ambas enseñan algo: la infraestructura puede cambiar el valor estratégico de una geografía.
Paraguay seguirá sin litoral marítimo, pero no debe comportarse económicamente como un país aislado. La geografía nos dio la ubicación; la infraestructura está construyendo la conexión.
Ahora necesitamos una estrategia capaz de convertir ambas en desarrollo. Porque el verdadero éxito de la Bioceá­nica no será que el mundo pase por Paraguay, sino conseguir que una parte del valor que mueve el mundo se quede en Paraguay.