19/08/2026 10:03
Su hijo tenía el cargo. Él seguía teniendo el poder
- Por Miryan Figueredo Coach
- CEO de LUXPRO®
“Decidí vos”. El padre lo dijo delante de todo el equipo.
El hijo respiró, dio su respuesta y, apenas terminó de hablar, el fundador agregó: “Bueno… yo haría otra cosa”.
Nadie dijo nada, pero todos entendieron quién seguía mandando.
Hace un tiempo vi esta escena dentro de una empresa familiar. El padre llevaba décadas construyendo el negocio. Había trabajado, arriesgado, perdido y vuelto a empezar. Ahora quería que su hijo continuara la empresa. Y realmente creía que le estaba dando su lugar. El problema era que no podía dejar de intervenir.
Si un colaborador tenía una duda, iba al padre. Si aparecía un problema importante, él lo resolvía. Si el hijo proponía un cambio, aparecía esa frase que tantas empresas familiares conocen: “Esto siempre se hizo así”. Hasta que surgió una pregunta incómoda: ¿Querés que tu hijo continúe la empresa o querés que continúe tu manera de hacer la empresa?
Hubo silencio. Porque transferir una empresa no es solamente entregar un cargo, acciones o una oficina. También hay que entregar algo mucho más difícil: poder para decidir, permiso para equivocarse y espacio para construir autoridad. A partir de allí trabajamos una regla muy concreta: cuando el equipo consultara al fundador sobre decisiones que ya correspondían al hijo, su respuesta debía ser: “Preguntale a él”.
Parece pequeño. No lo fue. Cada vez que el padre hacía eso, dejaba de ser un poco más indispensable. Y cada vez que el hijo decidía, empezaba a convertirse realmente en líder.
Quizás ese sea uno de los mayores desafíos del fundador: comprender que cuidar su legado no significa conseguir que su hijo haga todo igual que él. A veces, el verdadero legado comienza cuando uno se anima a soltar.
