- Por Dora Cristaldo Raskin
- Mgtr. en Marketing y Comunicación
Con el Grado de Inversión de Moody’s (2024) y S&P (2025), Paraguay se consolida en el radar del capital global. Los indicadores macroeconómicos son positivos y están dados por su régimen tributario competitivo, crecimiento y estabilidad. Pero, surge una pregunta para los directorios: el país está listo, ¿lo está su reputación corporativa?
Es justo reconocer que una vanguardia de empresas locales ya marca el rumbo. Quienes operan en la Bolsa de Valores de Asunción (BVA) o han emitido bonos ya hicieron el camino de cumplir con todos los estandares requeridos, publicando memorias, balances e hitos corporativos con rigor. Sin embargo, otra parte del tejido empresarial, aun opera con temor a comunicar.
En el mercado internacional, los balances en azul ya no bastan. Según la consultora Ocean Tomo, más del 90 % del valor de las corporaciones globales reside hoy en activos intangibles como la reputación (en 1975 era el 17 %). Ese “perfil bajo” tradicional paraguayo -visto históricamente como una medida de prudencia- hoy es interpretado por los fondos extranjeros como falta de transparencia institucional, lo que proyecta riesgo y encarece el financiamiento.
Aquí radica una oportunidad histórica para ganar competitividad. La comunicación estratégica debe dejar de ser reactiva y gestionarse como un activo con Retorno de Inversión (ROI) directo. Los inversores institucionales y el Private Equity no solo compran márgenes de EBITDA; exigen confianza, resiliencia y la “G” de un sólido Gobierno Corporativo (ESG).
El próximo paso para las empresas que buscan escalar es claro: profesionalizar sus relaciones con inversores y estructurar reportes de sostenibilidad auditables. Ya no basta con ser rentables a puertas cerradas; es hora de hacer de la transparencia una ventaja competitiva y saber contarlo al mundo.
