• Por Sinthia Rodríguez.
  • Coach empresarial.
“Me siento solo y estancado”, me decía Don Pedro, con la mirada puesta en un organigrama que en los papeles parecía completo, aunque en la prác­tica lo dejaba como único responsable de todo.
Esta escena es recurrente en el corazón de las empresas familiares que acompaño. Un dueño sobrepasado, lidiando con la urgencia del minuto a minuto, mientras que el peso de la estructura descansa exclusivamente sobre él, creyendo que liderar es sinó­nimo de motivar.
Muchos directivos consumen su energía intentando “dar ánimo” a equipos que responden poco. Se ven a sí mismos como proveedores de un impulso externo, tratando de suplir con discursos lo que en realidad es una falta de diseño sistémico, de una cone­xión con un sistema que funcione.
Don Pedro buscaba palabras inspiradoras cada lunes, cuando lo que su empresa reclamaba era claridad y competencia. Liderar es generar condiciones. El liderazgo real consiste en acompañar el crecimiento mediante la creación de un entorno donde el compromiso sea una consecuencia natural de la estructura.
“Jefe”, en la empresa familiar, se suele dar el título por lealtad, espe­rando que el nombramiento traiga la capacidad de influir. El resultado es un cortocircuito. Un jefe frustrado y un dueño que interviene siempre para salvar la situación.
Para transitar de dueño operativo a líder consciente, propongo estos movimientos.
• Del discurso al diseño: Sustituir la búsqueda de motivación externa por el fortalecimiento de la autonomía del equipo.
• Del control al impulso: Reem­plazar la vigilancia del detalle por procesos que sostienen el ADN organi­zacional.
• De la ejecución al desarro­llo: Abrir espacios para potenciar a quienes deben tomar el relevo en la toma de decisiones.
La verdadera autoridad se mide si funciona el organismo vivo cuando el líder está ausente.
Si hoy decidieras retirarte de la dirección de tu empresa, ¿tu estructu­ra es un equipo con identidad propia o es una sombra que aguarda tus instrucciones?