• Por Rocío Pont.
  • Máster en Comunicación Corporativa
Nadie entra a una reunión con la intención de caer mal. Sin embargo, pasa. No porque falten ideas, sino por la forma de comunicarlas.
Después de muchas reuniones en contextos y rubros distintos, este patrón se vuelve evidente. Son acciones que parecen básicas, pero aparecen incluso en altos niveles de seniority. Casi siempre generan el mismo efecto: te hacen perder influencia justo cuando más la necesitás.
1. Interrumpir
Quien interrumpe no lo hace con mala intención. Muchas veces ni siquiera se da cuenta. Suele ser entusiasmo o la sensación de que el punto ya está claro.
La interrupción aparece al completar la frase del otro, anticipar su argumento o sumar una idea antes de que termine de hablar.
Lo que tengas para decir puede ser brillante. Cortar al otro igual deja una percepción negativa, parece que lo tuyo importa más o que la decisión ya estaba tomada antes de terminar de escuchar.
2. Hacer que gire en torno a vos
Muchos líderes competentes sienten la necesidad de demostrar todo lo que saben en el primer encuentro. Porque saben mucho.
En una sala con experiencia, eso no pasa desapercibido. Se nota rápido cuándo alguien está más enfocado en demostrar que en escuchar.
El criterio y el seniority no se miden por volumen de contenido. Se ven en la capacidad de elegir la información justa, en el momento justo y para esa audiencia.
En una primera reunión, el foco no debería estar en probar lo que sabés, sino en entender qué necesita el otro de esa conversación y sumar valor a medida.
3. Dar demasiadas vueltas
Explicar de más no aclara, desgasta. Cuando la idea principal tarda demasiado en aparecer, quien te escucha se impacienta. No por falta de comprensión, sino porque siente que tiene que hacer el trabajo de ordenar, priorizar y llegar al punto por vos.
Al igual que al escribir, al hablar conviene hacerse una pregunta simple: ¿eso mismo puede decirse con menos palabras?
Dar vueltas suele indicar que no se definió qué era lo central antes de entrar a la sala. A mayor seniority del otro lado, menos tiempo disponible y menos tolerancia a los rodeos.
Comunicar de forma efectiva es -y seguirá siendo- una de las habilidades que más inciden en el desarrollo profesional.
No tiene que ver con facilidad para hablar, sino con criterio, cuándo intervenir, qué dejar afuera, cómo escuchar y qué gestos acompañan -o contradicen- lo que se dice.
Una buena comunicación se nota cuando al otro le resulta fácil pensar y hablar contigo. Y eso suele convertirse en mejores resultados.