• Por Livia Melgarejo.
  • Comunicadora y directora de PRessencia
Paraguay vive un momento ex­traordinario de exposición. Inversio­nes, foros internacionales, empresas que desembarcan. Muchos empresa­rios quieren estar en la vidriera. Y es lógico: la visibilidad abre puertas.
Pero hay una pregunta incómoda que pocos se hacen y es si ¿estamos preparados para sostener lo que esa visibilidad puede provocar?
Después de más de dos décadas en comunicación estratégica, lo he visto repetirse: empresas que acceden a una entrevista clave o a un evento internacional, pero improvi­san ante una pregunta difícil, prome­ten más de lo que pueden cumplir o no saben quién debe responder frente a una crítica pública.
La exposición acelera todo. Si la empresa está preparada, el crecimiento se multiplica. Si no lo está, también se amplifican las debilidades. Una mala entrevista, una respuesta impulsiva o una crisis mal gestionada pueden cerrar en minutos puertas que tardaron años en abrirse.
Pero esta reflexión también me incluye. Con 17 años liderando mi agencia y proyectando expansión internacional, hoy me estoy ha­ciendo las mismas preguntas. ¿Es­toy respondiendo con la velocidad que exige el mercado? ¿Mis proce­sos acompañan el crecimiento del país? ¿Escucho sistemáticamente el feedback de mis clientes? ¿Soy mi propia competencia?
El nuevo escenario no solo exige comunicar mejor. Exige ordenarnos mejor.
La prensa no destruye reputacio­nes. Las inconsistencias sí.
La comunicación externa es amplificación. Y Paraguay está bajo la mirada del mundo.
La pregunta no es si debemos comunicar más. La pregunta es si estamos dispuestos a reformularnos para sostener lo que el mercado nos va a exigir. Porque crecer sin orden no es expansión. Es riesgo.