- Por Tania Riline.
- Directora general de Financiación e Inversión para Mipymes – MIC
Hay una palabra que define mejor que cualquier indicador el recorrido de nuestras micro, pequeñas y medianas empresas: resiliencia. Es la capacidad de sostenerse cuando el mercado se pone cuesta arriba; de reinventarse cuando falta el capital; de seguir vendiendo cuando suben los costos; de mantener empleos cuando todo empuja a recortar. La resiliencia mipyme no es un discurso, es una realidad diaria en cada barrio, en cada ciudad, en cada comunidad productiva del Paraguay.
Por eso, la puesta en marcha del Fondo Nacional para Mipymes (Fonamipymes) no es un acto más. Es la decisión de un Estado que reconoce que el motor económico del país no puede seguir avanzando solo “a pulmón”, y que el crecimiento sostenible no se construye con una única herramienta, sino con un ecosistema de instrumentos que abran oportunidades reales.
En el lanzamiento del fondo, se anunció un capital inicial de USD 5.000.000. Habrá quienes miren esa cifra y la vean como un punto de partida modesto. Yo prefiero verla por lo que verdaderamente es: un comienzo con sentido, una palanca institucional que habilita una nueva ruta para que más mipymes accedan a financiamiento, se formalicen y abran mercado. Un fondo no se mide solo por su monto de arranque, sino por su capacidad de ordenar esfuerzos, multiplicar alianzas y convertir potencial en resultados.
Un punto clave, además, es la sostenibilidad: el diseño del Fonamipymes protege el propósito del fondo en el tiempo, para que los recursos sigan siendo para las mipymes y no se diluyan con la lógica de un solo ejercicio fiscal.
Como directora general de Financiación e Inversión para mipymes, asumo este hito con un compromiso personal y profesional: convertir el lanzamiento en impacto. Y eso significa bajar el instrumento a la realidad del taller, del comercio, de la pequeña industria, de la empresa familiar; donde cada guaraní cuenta y cada decisión pesa.

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