• Por Sinthia Rodríguez.
  • Coach empresarial
En nuestra cultura, la Noche­buena trasciende una simple cena; convoca presencia, perte­nencia y un lugar para cada uno. Cada silla en la mesa tiene un significado.
A veces, una silla parece vacía, ocupada por alguien cuya ener­gía todavía habita otro espacio, llegando a la celebración con un rol que no logra soltar.
En las empresas familiares, los roles conviven: un líder de día, una madre al anochecer, un pa­dre al brindar, un hijo al recordar. Cuando estos roles se superpo­nen sin conciencia, el sistema lo resiente.
Lo que no se ordena en la em­presa busca salida en el vínculo familiar, convirtiendo la mesa en un escenario para conversaciones que pertenecen a otro sistema.
La empresa y la familia son sistemas distintos. La dilución de estos límites genera tensión, la cual suele revelarse con claridad durante la Nochebuena.
¿Cómo llegar conscientes y presentes a la mesa de la Noche­buena?
1. Reconocer el rol: Nombrar internamente desde qué rol llegas a la mesa ayuda a ordenar el siste­ma.
2. Separar espacios y tiempos: Los temas de la empresa tienen su propio lugar.
3. Dejar conversaciones pen­dientes: Estar presente para el vínculo del momento.
4. Honrar cada rol: Ser líder, padre, madre o hijo requiere pre­sencias distintas; no las mezcles.
Cuando los roles se ordenan, la mesa se completa. Celebrar también es discernir. ¿Qué rol puede descansar esta Noche­buena para que el encuentro sea auténtico y pleno?