- Por Juan Carlos Zárate Lázaro.
- Consultor financiero.
La ansiedad está presente en todos los seres humanos, en menor o mayor magnitud, y se diferencia patológicamente por su intensidad.
Es, en cierto grado, necesaria para la supervivencia, pues nos permite activar mecanismos mentales de protección, como la conocida reacción de “lucha o huida”, que salvaguardan nuestra integridad física.
Sin embargo, si no se gestiona adecuadamente, la ansiedad puede afectarnos de manera orgánica e impactar incluso en nuestra relación con el dinero, tanto en el gasto como en el ahorro.
En cuanto al gasto, quienes actúan de manera compulsiva pueden verse frente a una vidriera con ofertas y, disponiendo de recursos propios como salarios u otras remuneraciones, terminar comprando artículos superfluos. Dinero que, de otro modo, podría haberse destinado a necesidades más importantes o prioritarias.
Una estrategia útil es organizar nuestros ingresos y ahorros, asignando un orden de prioridad a los gastos mediante una escala del uno al diez. Esto nos permite identificar y eliminar compras innecesarias. En este proceso, la Educación Financiera juega un papel fundamental.
El impacto de la inflación y la constante presión consumista de las empresas puede ser perjudicial para nuestras finanzas si no ejercemos control sobre nuestra inteligencia emocional.
Ahorrar significa posponer la satisfacción inmediata para poder disfrutar más en el futuro. La ansiedad puede transformarse en impaciencia, haciendo que el ahorro se perciba como innecesario, comprometiendo así nuestra calidad de vida futura al concentrarnos únicamente en el presente.
