• Por Carlos Rönnebeck
  • Director Ejecutivo y Consultor Asociado. Potencial Humano S.A.
El crecimiento laboral no siempre es lineal ni mucho menos predecible. A veces, las grandes oportunidades llegan sin previo aviso y no son parte de “un plan de carrera”. Y aunque no poda­mos controlar el cuándo llegarán (aunque queramos), sí podemos prepararnos para aprovecharlas ni bien lleguen.
Toda persona debe saber que una oportunidad de crecimiento requiere cinco elementos, y cuatro de ellos dependen de nosotros. La oportunidad, ese factor externo que no controlamos y que llega cuando las condiciones (organi­zacionales, contextuales o perso­nales) lo permiten. No podemos forzarla, pero sí anticiparla. Estará disponible cuando otros la vean viable y cuando el entorno lo haga posible. Nuestra tarea es estar listos para cuando aparezca.
Las competencias técnicas, que deben ir más allá de las funciones del puesto actual. No basta con hacer bien el trabajo hoy; es clave tener al menos una base sólida del rol que aspiramos ocupar mañana.
Las buenas relaciones labora­les. Construir vínculos positivos y contar con promotores internos que no solo den fe de nuestro desempeño actual, sino que estén dispuestos a animarse a apostar por nosotros en el futuro puesto. Muchas veces las oportunidades llegan porque alguien confía en nuestro potencial, porque fue capaz de verlo, y porque nosotros fuimos capaces de mostrarlo.
Y como soporte transversal, la inteligencia emocional; clave para gestionar el proceso, mane­jar la incertidumbre y sostener relaciones sanas. Ayuda a man­tener la calma, recibir feedback con madurez y actuar con criterio bajo presión. Sin ella, incluso con habilidades y apoyo, el crecimien­to puede estancarse. “La oportu­nidad no avisa. O estás listo, o te quedas viendo cómo pasa”.