• Por Juan Carlos Zárate Lázaro.
  • Consultor financiero
Es común que tengamos dentro de nuestras empresas a perso­nas que continuamente se están quejando por cualquier minucia, convirtiéndolo casi en un hábito.
Como ejecutivo, está entre tus funciones tratar de entrenar a tu gente a que no se queje a menudo y que muestre la resiliencia necesa­ria ante diversas situaciones para poder revertirlo.
Es bueno acostumbrarse a preguntarles a los subordinados: ¿Qué te gustaría que hiciéramos al respecto? Una anécdota que había leído decía: que el mejor direc­tor con el que habían trabajado, llevaba estos temas aún más lejos y acostumbraba a pedirle a sus subordinados que les dijeran en, primer lugar, cuál creían que po­dría ser la solución y en base a ello que se los dejaran poder acertar de cuál se podría tratar el problema.
En muchas ocasiones este jefe logró evitar que permanente­mente fueran a su oficina con un problema, pues los forzaba a que pudieran encontrar la solución alternativa, dado que aplicando la “ley del menor esfuerzo” a muchos les encanta ir con problemas sin hacer trabajar al cerebro y hacer que nosotros quienes somos parte del equipo también veamos cuál podría ser la solución y no dejar todo en manos del jefe.
Es por ello que el trabajo parti­cipativo o en equipo adquiere cada vez mayor relevancia en las organi­zaciones, pues resulta más sencillo que puedan fluir diversas ideas u opiniones para luego consensuar­los antes de llegar a los objetivos y metas que se proponen.
La calidad del capital humano dentro de las empresas es prima­ria, pues cualitativa y cuantitativa­mente se hace más factible que se vayan generando ideas innovado­ras y creativas.