Paula Cruz
Especialista Senior en Transporte del BID
A menudo, asociamos la palabra infraestructura a grandes obras de ingeniería que sirven a propósitos ajenos a nosotros. La realidad es que la infraestructura es esencial para nuestra vida a través del desarrollo. En la región de América Latina y el Caribe (ALC), especialmente en países como Paraguay, aún enfrentamos desafíos para garantizar un acceso equitativo a estas ventajas.
La infraestructura de transporte juega un papel importante en el desarrollo de los países ya que, al ser transversal, multisectorial y de acceso universal, incorpora beneficios económicos, de competitividad y productivos, pero también coadyuva a la cohesión e impulso de actividades sociales y de acceso a servicios esenciales en las comunidades. Por ello, el Banco Interamericano de Desarrollo apoya a ALC con soluciones que van más allá de la financiación de la infraestructura, y pasan por el fortalecimiento de las instituciones, la gestión de activos, y el impacto prolongado de esas inversiones en las comunidades, en aspectos como igualdad, desarrollo social y económico, resiliencia y cambio climático y seguridad vial.
El sector transporte facilita el acceso a nuestros lugares de trabajo, permite que los niños vayan a las escuelas y nos posibilita llegar a centros de salud más fácilmente, entre otras cosas. Un análisis del Banco mostró que, como resultado de los proyectos de caminos vecinales en Perú, se registró un aumento del 5% en la asistencia en los centros educativos y un 14% en el número de alumnos regulares. En El Salvador se percibió un incremento del 20% en la tasa de matrículas en centros escolares de nivel medio.
Un sistema de transporte resiliente a los efectos del cambio climático también es vital para mejorar la conectividad entre productores y consumidores, y, por ende, fortalecer la seguridad alimentaria del país. Uno de los proyectos que apoya el BID en Paraguay, dentro de este ámbito, es la “Ruta de la Leche”, que tendrá un impacto positivo en la productividad regional, especialmente en el sector lechero y cárnico. Este tramo impacta directamente una zona que provee el 43,7% de la leche y el 20,3% de la carne que se procesa en las industrias del Chaco central. Esto se traduce aproximadamente en 150.000 litros de leche diarios, que antes del proyecto se perdían a lo largo de la ruta al no contar con las condiciones adecuadas para la transitabilidad.
Si pensamos además en infraestructura sostenible, logramos que todos esos beneficios que nos provee la infraestructura vengan acompañados de una adecuada planificación que tenga en cuenta aspectos como el mantenimiento para alargar la vida de esa infraestructura o una construcción resiliente que soporte fenómenos climáticos extremos como sequias o inundaciones. Esto, a su vez, se traduce en una visión macro del territorio, mejor ubicación de las infraestructuras, una adecuada toma de decisiones de inversión y un uso más eficiente de los recursos.