Víctor Pavón
Presidente del Centro de Estudios Sociales (CES)
Siendo parte de una sociedad con territorio y leyes determinadas, el ser humano tuvo que cooperar con sus prójimos para conseguir alimentos, resguardo y protegerse de aquellos que no estaban dispuestos a vivir en paz.
Desde siempre, los criminales existieron y seguirán, pero para dar ese salto hacia el desarrollo se tuvo que garantizar la propiedad privada de cada quien para que las personas en libertad eligieran qué, cuánto y cómo producir y comerciar. Los esfuerzos por sobrevivir y mejorar las condiciones de vida hicieron posible salir adelante con aciertos y errores en medio de inmensas dificultades.
Esa cooperación solo fue posible en un momento dado de la historia, especialmente desde los años de 1700 cuando tuvo lugar lo que se llama la Revolución Industrial por el cual el capitalismo creó oportunidades nunca antes vistas. Cuando se garantizaron la vida, la libertad y la propiedad, las personas en un ambiente de división del trabajo, especialización, maquinarias y conocimiento lograron aquel primer paso.
Y a diferencia de lo que todavía se cree, el cambio trascendental desde sociedades paupérrimas azotadas por el hambre y el desempleo, cambió cuando el mercado libre y la seguridad se amalgamaron sin necesidad de una planificación superior proveniente del Estado.
Lo que se conoce como desarrollo desde la educación y la economía fue el resultado de un largo proceso de evolución. Siguiendo las enseñanzas de la Escuela Austríaca de Economía con exponentes como Karl Menger, Mises, Hayek, Rothbard y otros que denominaron “orden espontáneo” con reglas de juego en forma de instituciones (formales e informales), un proceso de desarrollo se gestó: proceso que nunca tuvo un creador en particular, fue evolutivo en forma de ensayo y error.
Cito, por ejemplo, de cómo surgieron las primeras entidades bancarias. Se iniciaron con personas honorables a quienes se les confiaba el dinero de personas que viajaban en busca de nuevas oportunidades, las cajas de seguridad. Tal fue el éxito debido a la seguridad y confianza que daban aquellos guardadores que luego se percataron que podían prestar el dinero que les fue confiado y de ese modo devolver el capital más los intereses a sus propietarios.
En el sentido moderno del término, la banca se inició en las ciudades del norte de Italia, como Venecia, Florencia y Génova a principios del Renacimiento. No obstante, fue recién en Ámsterdam en Holanda y en Londres en Inglaterra que la banca habría de convertirse en un instrumento clave para el desarrollo mediante la cooperación de la libertad.