Alexandra Cortese, MSc en Comunicación Corporativa y Reputación.
15/08/2026 10:01
Salir de la caja para pensar fuera de ella
Alexandra Cortese
MSc en Comunicación Corporativa y Reputación
El mismo escritorio, los mismos horarios, la misma rutina. Se aprieta el botón de play y el día vuelve a comenzar. Después llega ese taller de team building o esa charla inspiradora que nos invita a “pensar fuera de la caja”. Y, por un momento, lo creemos posible.
Voy a hacerlo. Soy una persona creativa. Pero al día siguiente, cuando volvemos al mismo escritorio, a la misma hora y a la misma rutina, la idea de esta explosión creativa se va disolviendo gracias a un entorno que no parece haber acusado recibo de la motivación del día anterior.
Y ahí, casi sin darnos cuenta, empezamos a tomar las mismas decisiones, en un proceso que, con el correr de los años, va erosionando la creencia de un cambio y va solidificando la forma de hacer las cosas. Pero esto tiene soluciones que son más sencillas de lo que creemos.
Durante mucho tiempo creímos que la creatividad era un talento reservado para artistas, inventores o publicistas. Sin embargo, hoy la ciencia la define como la capacidad de generar ideas que sean nuevas y útiles, una habilidad que todas las personas podemos desarrollar.
Como cualquier músculo, necesita estímulos para fortalecerse. Y ahí entra una herramienta que poco tenemos en cuenta cuando buscamos despertar a nuestros equipos y sacudir las antiguas costumbres: el cambio de ambiente.
Nuestro cerebro está diseñado para ahorrar energía y cuando todo nos resulta familiar, recurre a patrones conocidos y responde casi en automático. En cambio, cuando nos exponemos a lugares, personas o experiencias diferentes, prestamos más atención, establecemos conexiones inesperadas y aumentamos las posibilidades de encontrar soluciones originales.
La evidencia respalda esta idea y por supuesto que la tuve en cuenta antes de venir a Bali para empezar mi nuevo libro. Un estudio de la Universidad de Stanford encontró que caminar puede incrementar hasta en un 60 % la generación de ideas creativas. Por su parte, el psicólogo Adam Galinsky, de Columbia Business School, demostró que las personas que se exponen a otras culturas y contextos desarrollan mayor flexibilidad cognitiva y producen ideas más innovadoras.
La buena noticia es que no hace falta subirse a un avión para aprovechar este efecto, aunque no es mala idea hacerlo. Ir a un nuevo café, cambiar la ruta que tomas para llegar, trabajar una tarde desde otro espacio o simplemente salir a caminar antes de enfrentar un desafío pueden ser suficientes para romper el piloto automático.
Las organizaciones invierten cada vez más en retiros, espacios colaborativos y experiencias fuera de la oficina porque entienden que la innovación no surge solo de pedirle a la gente que piense diferente; también requiere ofrecerle escenarios diferentes desde donde pensar.
Esta es una práctica que fomentamos en ECO y ROW y aunque no siempre es posible sacar a nuestros clientes de sus oficinas, cuando se animan a hacerlo los resultados son muy distintos.
Porque hay altas probabilidades de que la próxima gran idea no nazca en una sesión de brainstorming en la oficina sino durante una charla informal, un espacio al aire libre o pensando en un café desconocido o en un viaje inesperado. Porque, antes de pensar fuera de la caja, quizá primero haya que salir de ella.
