Víctor Pavón
Presidente del Centro de Estudios Sociales (CES)
La iniciativa empresarial es el motor del crecimiento de la economía y de la distribución de la riqueza. No hay modo eficiente, económico y hasta ético que pueda sustituir la inventiva y la creatividad de la empresa privada. En términos teóricos y prácticos, la iniciativa empresarial es el motor del crecimiento de la economía y de la distribución de la riqueza.
Los individuos reunidos en una organización llamada empresa actúan frente a la incertidumbre del futuro (sin saber que sus emprendimientos les será de beneficio o de fracaso) y disponen de sus ahorros e inversiones para incrementar sus respectivos patrimonios y, al hacerlo, llevan a cabo la conjunción armoniosa de los factores de producción, el capital y el trabajo.
Entre estos factores de producción no existe enfrentamiento alguno, tal como las escuelas del pensamiento colectivista de raíz socialista divulgaron para así hacer notar al capital como enemigo del trabajo. El capital en forma de fábricas, maquinarias, tecnología e insumos requiere para su transformación del trabajo para convertirlo en bienes y servicios, siendo este círculo virtuoso obra de la iniciativa empresarial.
Con el deseo de elevar sus respectivas ganancias las personas cooperan entre sí arriesgando sus ahorros e inversiones. Si no existiera posibilidad de obtener ganancias, tampoco existiría posibilidad de elevar los salarios y contar con mejores niveles de vida. Al respecto, la iniciativa empresarial tiene el carácter de una institución, en el sentido que aquella búsqueda de mejoramiento se convierte en un incentivo tan fuerte capaz de cambiar el derrotero de desempleo y pobreza.
Al elevarse las ganancias de las empresas también se incrementan los salarios laborales, cuestión que ha probado que el colectivismo socialista en todo momento partía de una premisa equivocada, la de creer que existe una confrontación entre el capital y el trabajo que conllevó a la lucha de clases, hoy absolutamente superada.
Por el contrario, cuanto más se eleva el capital invertido, el trabajo se vuelve un factor escaso con relación a aquel, generando la valorización de los salarios. ¿Por qué un agricultor norteamericano o canadiense gana más que uno de esta parte del mundo? Y la respuesta está en el capital invertido traducido en el aumento de los salarios.
El progreso económico, por ende, tiene como causa principal el capital dispuesto en la producción, el comercio y la industria, como de hecho se demostró por primera vez en la historia con el advenimiento de la Revolución Industrial en el siglo XIX.
Y esto no es un hecho desconocido, excepto infelizmente en los centros de estudios donde todavía se enseñan las viejas y erróneas consignas del marxismo hoy mimetizado con lo social y otros adjetivos grandilocuentes, pero carentes de beneficios reales para los individuos y la sociedad. La iniciativa empresarial no tiene sustitutos para la creación y distribución de riqueza.