Por: Adelaida Alcaraz
Con cosechas récord y capacidad industrial disponible, Paraguay busca transformar más aceite de soja en biodiésel para reducir su dependencia del gasoil importado. El sector ve una oportunidad histórica para generar valor agregado, atraer inversiones y posicionar al país como exportador de energía renovable.
Paraguay atraviesa un momento singular con cosechas récord, abundante energía renovable y, al mismo tiempo, una fuerte dependencia del gasoil importado. En medio de esa contradicción, el biodiésel empieza a posicionarse no solo como una alternativa energética, sino también como una oportunidad económica e industrial capaz de redefinir el papel del país en la región.
Para Massimiliano Corsi, presidente de Biocap, el debate ya no pasa únicamente por producir más soja, sino por decidir qué hacer con ella. “Cuando exportamos solamente aceite, no le estamos dando el máximo valor agregado a nuestra producción”, sostuvo. La diferencia, explicó, aparece cuando ese aceite se transforma localmente en biodiésel, el país retiene divisas, sustituye importaciones de combustibles fósiles y fortalece toda la cadena agroindustrial.
La discusión cobra relevancia en un contexto internacional marcado por la volatilidad energética y las tensiones geopolíticas. Paraguay importa gran parte del gasoil que consume, pese a contar con capacidad industrial ociosa para producir biodiésel. Según Massimiliano, durante años el análisis estuvo demasiado concentrado en comparar el precio directo entre ambos combustibles, dejando de lado un componente estratégico mucho más amplio.
“El biodiésel no debería analizarse solo como un combustible más barato o más caro, sino como una herramienta de seguridad energética, industrialización y generación de valor agregado nacional”, afirmó.
Massimiliano Corsi, presidente de Biocap.
La reciente promulgación de la Ley 7365 marca un punto de inflexión para el sector. La normativa elimina el techo histórico del 5 % de mezcla obligatoria y habilita un rango de entre 5 % y 20 %, abriendo un escenario completamente distinto para las inversiones. El cambio, aseguró Massimiliano, modifica la lógica de la industria puesto que antes existía un límite que frenaba proyectos de expansión, pero ahora aparece una perspectiva de crecimiento gradual y sostenido.
Si Paraguay avanzara hacia mezclas cercanas al 15 % o 20 %, el impacto sobre la demanda interna de aceite de soja sería significativo. Se consolidaría un mercado doméstico más fuerte y estable, mientras parte de los recursos que hoy salen del país para importar combustibles permanecerían circulando dentro de la economía nacional.
El escenario también despierta interés regional. Históricamente Paraguay fue percibido como un exportador agrícola, pero esa visión empieza a transformarse. “Hoy comienza a consolidarse la idea de un país capaz de convertir recursos agrícolas en energía renovable competitiva”, señaló el titular de Biocap.
Las ventajas competitivas existen: estabilidad macroeconómica, energía renovable abundante, materia prima disponible y un sistema fiscal atractivo para inversores. De hecho, cada vez más capitales extranjeros -principalmente brasileños- observan al país como un destino estratégico para nuevos desarrollos industriales vinculados a los biocombustibles.
Sin embargo, el desafío sigue siendo consolidar reglas claras y previsibilidad de largo plazo. Para Massimiliano, el principal cuello de botella históricamente fue regulatorio. Sin un mercado con posibilidades reales de expansión, la industria difícilmente podía escalar.
El potencial exportador también empieza a ganar protagonismo. Paraguay ya exportó más de 27 millones de litros de biodiésel el último año, y el acuerdo Mercosur-Unión Europea podría abrir nuevas oportunidades comerciales en un mundo cada vez más enfocado en la descarbonización y las energías renovables.
En ese contexto, Biocap trabaja en la generación de conexiones internacionales y en posicionar al biodiésel paraguayo en nuevos mercados. La apuesta apunta a algo más ambicioso que vender soja: convertir al país en un exportador de energía renovable con sello industrial propio.
