En Paraguay, cada año el salario mínimo enfrenta una paradoja, pues los combustibles y alimentos que son los que más afectan a los trabajadores, son los que más suben, aunque el ajuste sigue otra lógica. Foto: Archivo
31/05/2026 12:01
El dilema del salario mínimo: lo que más golpea al bolsillo no siempre define el ajuste
En Paraguay, cada año el salario mínimo enfrenta una paradoja, pues los combustibles y alimentos que son los que más afectan a los trabajadores, son los que más suben, aunque el ajuste sigue otra lógica.
Mientras el país espera la definición del reajuste del salario mínimo, el economista Wildo González advierte que el debate suele concentrarse en cuánto debe subir, pero deja de lado factores estructurales como la informalidad laboral y la baja productividad. Él señala que estos factores terminan condicionando los ingresos de miles de trabajadores.
Según el especialista, aunque alimentos y combustibles son los rubros que más impactan en el presupuesto de quienes perciben el salario mínimo, utilizar exclusivamente esos componentes para determinar los ajustes también podría generar distorsiones y abrir discusiones complejas en el futuro.
“La productividad es el principal determinante de los salarios”, sostuvo, al señalar que los bajos niveles de inversión en capital humano explican en gran medida por qué una parte importante de los trabajadores paraguayos continúa percibiendo ingresos reducidos.
El economista Wildo González advierte que el debate suele concentrarse en cuánto debe subir, pero deja de lado factores estructurales como la informalidad laboral y la baja productividad. Foto: Matias Amarilla
¿El problema es el ajuste o la productividad? Porque esa es, en esencia, la reflexión que Wildo está poniendo sobre la mesa, y la interrogante que se desprende es por qué Paraguay sigue discutiendo el salario mínimo todos los años sin resolver los factores que mantienen bajos los salarios.
Un punto importante, relacionado con los ajustes del salario mínimo, está vinculado a los altos niveles de informalidad del mercado laboral, explica Wildo, y, como nota incómoda que rara vez se menciona, a la baja productividad del trabajador informal.
Esta baja productividad responde, en gran medida, a los bajos niveles de inversión en capital humano, que determinan que, en el largo plazo, los salarios sean bajos. “Recordemos que la productividad es el principal determinante de los salarios”, dijo.
Esto abre la discusión sobre cuál es el monto del salario mínimo que “alcanza” para sostener a una familia. Aquí surge otro aspecto crucial: el salario mínimo debe cumplir la función de puerta de entrada al mercado laboral, transmitiendo una señal sobre cómo valora el mercado la mano de obra de entrada con calificaciones mínimas.
De allí surge el debate sobre si el salario mínimo debe ajustarse o estar indexado a la inflación pasada, señala. En un contexto de inflación baja en general, pero no en alimentos y combustibles, sino en bienes y servicios core, los ajustes al salario mínimo tienden a reflejar una inflación total muy moderada, aunque desconectada de la inflación de estos esenciales.
Esto, más allá de que es la más cercana a los hogares receptores de salarios mínimos. Sin embargo, indexar el mínimo a componentes tan volátiles también genera debates incómodos, explica el especialista.
La situación actual es particularmente sensible, con inflación alta en alimentos y combustibles, el ajuste puede ser significativo. Pero existe alta probabilidad de que, por efecto base, la inflación de estos componentes sea baja o incluso negativa, generando presión para discutir una reducción del salario mínimo ante inflación negativa de alimentos y combustibles.
