Con Paraguay nuevamente en la Copa del Mundo tras 16 años, la marca desarrolla una campaña que trasciende lo publicitario y se inserta en la experiencia emocional del país, combinando comunicación masiva, digital y beneficios tangibles.
En Paraguay, el Mundial se vive en la cancha, pero también en la previa, en la casa, en el quincho, en la conversación que se repite una y otra vez entre amigos y familias. Es un estado colectivo que mezcla emoción, ansiedad, orgullo y expectativa. Y con el regreso del equipo nacional después de 16 años, ese sentimiento se amplifica hasta convertirse en algo más grande: un momento país.
Para Vanesa Samaniego, gerente de Línea OTC de Laboratorios Lasca, esa dimensión explica por qué el Mundial trasciende lo deportivo. “Para el paraguayo, el Mundial es mucho más que fútbol, es un lugar en el que el país se ve y se siente unido. Volver después de 16 años significa revancha, orgullo y la recompensa a años de espera y trabajo”, aseguró.
Pero, también dijo que es memoria y futuro al mismo tiempo. “Es un evento que atraviesa generaciones. Quienes ya lo vivieron lo recuerdan con emoción, y quienes no, lo sueñan por primera vez”, reflexionó la gerente.
En ese clima emocional, Kitadol decidió construir una campaña que además de acompañar la ilusión, también esté presente en la vida cotidiana de la gente. “Como marca, decidimos acompañar esta ilusión con una campaña 360 que combina emoción y beneficio concreto para la gente”, señaló.
La estrategia mezcla presencia masiva en medios, activaciones digitales y una promoción pensada para transformar la experiencia de ver los partidos en algo compartido y memorable. “La iniciativa central es clara: Kitadol no solo alivia, también acompaña. Y lo hacemos devolviendo al consumidor algo tangible por elegirnos”, expresó.
La marca parte de una lectura simple y es que la intensidad del fútbol también se vive en el cuerpo y en el día a día. “Partimos de una verdad simple: los partidos se viven intensamente y, muchas veces, esa intensidad viene acompañada de cansancio, tensión o molestias del día a día”, apuntó.
Por eso, la campaña no se queda en el mensaje emocional, sino que se traduce en beneficios concretos para los hogares. “Por eso la promoción premia con electrodomésticos que mejoran esa experiencia y la vuelven más cómoda y memorable”, acotó.
En un escenario donde varias marcas buscan conectar con el Mundial, Kitadol apuesta a un diferencial claro: la confianza construida en el tiempo. “Kitadol es una marca insignia en Paraguay, líder en analgésicos/antiinflamatorios y Top of Mind por décimo año consecutivo”, dijo Vanesa.
Pero ahora esa credibilidad se traslada al plano emocional. “Ahora trasladamos ese mismo rol al plano emocional: acompañar una ilusión nacional que vuelve después de 16 años”, recordó.
La estrategia también integra tecnología y datos para mejorar la precisión del mensaje. “En plataformas digitales y redes sociales trabajamos con segmentación por intereses y comportamientos (…) para llegar con el mensaje correcto a cada audiencia”, reveló.
Sin embargo, la marca insiste en que la tecnología no reemplaza la esencia de la campaña. “La tecnología, en nuestro caso, no reemplaza la emoción sino que la potencia y la hace llegar mejor”, aclaró.
El objetivo final es ocupar un lugar específico en la memoria colectiva del Mundial. “Nos gustaría que el público recuerde que Kitadol estuvo ‘ahí’, desde el inicio con las Eliminatorias apostando y acompañando uno de los momentos más esperados del país”, sostuvo Vanesa.
Y más que una campaña, dejar una huella emocional pues ellos buscan que la gente sienta que “Kitadol me acompañó cuando lo necesité y también cuando celebré.”
Para el equipo, la experiencia deja una enseñanza clara sobre el rol de las marcas en momentos de alta sensibilidad social. “Cuando un país está emocionalmente movilizado, la comunicación tiene que ser responsable, coherente y humana. No alcanza con ‘estar presente’, hay que entender qué siente la gente y hablar desde un lugar auténtico”, agregó.
En ese equilibrio entre emoción y utilidad, Kitadol busca algo más que visibilidad. En su foco se encuentra la misión de pertenecer a un momento que, en Paraguay, no se mira solo con los ojos, sino también con el corazón.