Elisa Ferreira Da Costa Perán
Trust Family Office
Todas las personas, independientemente de nuestra profesión o a qué nos dedicamos, tenemos un punto en común: necesitamos subsistir. Si miramos hacia atrás, hubo un tiempo en el que cada familia tenía sus propias plantaciones, producía ciertos bienes o confeccionaba artículos para luego intercambiarlos con otros.
Era la época del trueque. Incluso en ese entonces, ya existía una forma, tal vez más intuitiva, de administrar los recursos. Y con el tiempo, también aparecía la necesidad de mejorar, acceder a productos más escasos, de mejor calidad, o simplemente vivir mejor.
Lo que hoy vivimos, en comparación a lo anterior, no cambió tanto como parece. Seguimos subsistiendo. Trabajamos, generamos ingresos y nos toca administrar nuestro dinero. Primero para cubrir necesidades básicas, como plantea la teoría de jerarquía de necesidades de Abraham Maslow, como alimentación y vivienda. Luego, a medida que esas necesidades se cubren, damos paso a los gustos, proyectos y objetivos personales. Por eso, aunque no siempre seamos conscientes, todos administramos dinero.
Ahora bien, dentro de esa administración existen dos grandes escenarios. Por un lado, están las personas que, por falta de organización, terminan acumulando deudas y desorden financiero. Por otro, quienes logran organizarse, generan excedentes y comienzan a pensar en invertir sus ahorros.
La pregunta entonces es: ¿en cuál de estos escenarios puede ayudar un Family Office? La respuesta es simple: en ambos. Porque el verdadero punto de partida no es cuánto dinero tenés, sino cómo lo estás gestionando.
A partir de ahí, entendimos que no todas las personas necesitan lo mismo. Por eso, en nuestro caso, en el Family Office nos organizamos para poder acompañar, según la necesidad de cada caso, teniendo como base dos escenarios.
Las mentorías financieras. Aquí solemos trabajar con casos más cotidianos, pero no por eso menos importantes. En el último tiempo, por ejemplo, acompañamos a muchas parejas que buscan ordenar su vida financiera en conjunto.
Cuando dos personas deciden unirse, se habla de convivencia, de hábitos, de roles… pero muchas veces se deja para lo último algo central: la vida financiera en pareja. Ahí es donde entra la mentoría. No solo como una guía técnica, sino como un espacio seguro donde alinear ciertos criterios, definir objetivos y construir acuerdos muy personalizados en cada caso. Porque, todo lo que hacemos, o dejamos de hacer, tiene impacto económico. Y ahí la educación financiera pasa a ser una herramienta de autocuidado.
Luego, el servicio de Family Office integral. Aquí hablamos de un acompañamiento continuo. Donde sí ocurre un evento que requiere orden como, la venta de un inmueble, la planificación sucesoria o de legado, siempre recomendado hacerlo con tiempo, la venta de un negocio o algún ingreso extraordinario.
No solo organizamos, sino que gestionamos, planificamos y optimizamos el patrimonio en el tiempo. Es una mirada estratégica de largo plazo, donde cada decisión, desde inversiones hasta estructura patrimonial, responde a objetivos claros y personalizados.
Se requiere evaluación de las propias empresas, estructuras y protocolos familiares, donde ayudamos a conectar con profesionales capacitados para cada tipo de trabajo, según la necesidad de cada familia.
Por eso decimos que no se trata solo de cuánto dinero se tiene, sino de cómo cada uno lo organiza y proyecta. Administrar bien el dinero no solo es para unos pocos, es para todos.
