Por: Alba Delvalle
El mercado de bienes raíces paraguayo no enfrenta una falta de demanda, sino un descalce estructural: mientras la oferta se concentra en productos pensados para inversores, la necesidad real, la de la clase media, sigue sin respuesta.
La panorámica de Asunción se presenta hoy como un mosaico de hormigón y cristal; una ciudad donde los edificios terminados conviven con grúas que redefinen el skyline. Pero, esta oleada de desarrollos, ¿está recibiendo la aceptación esperada? El CEO & Founder Canopy SA, Ricardo Ávalos, brinda una lectura de lo que está pasando.
Él interpreta esto como un error del mercado inmobiliario, de que Paraguay está construyendo lo que no se necesita, pues el sector atraviesa una etapa de transición y madurez, marcada por un cambio de lógica: pasar de construir activos a gestionar rentabilidad. En ese proceso se consolidó un descalce estructural que hoy explica gran parte de su comportamiento.
“No es que la oferta y la demanda no se encuentren; es que hablan idiomas distintos”, comenta Ricardo. El problema, advierte, no está en el costo del dinero ni en la falta de demanda, sino en la ausencia de producto adecuado. Durante la última década, el desarrollo se concentró en el “ladrillo como activo financiero”, priorizando unidades pequeñas en zonas de alto costo, orientadas al inversor. Mientras tanto, la demanda real, la de la clase media trabajadora, quedó relegada.
“El mercado ha ignorado sistemáticamente a su principal actor. Ese segmento busca tipologías de dos y tres dormitorios, con metrajes funcionales y precios razonables, pero ese producto simplemente no existe en el mercado formal”, señala.
Asunción se presenta hoy como un mosaico de hormigón y cristal; una ciudad donde los edificios terminados conviven con grúas que redefinen el skyline. Foto: Gentileza
Un descalce que define el presente. Este desajuste se profundiza por un modelo de desarrollo que sigue dependiendo de esquemas tradicionales de construcción, financiados con capital propio o preventas, lo que eleva costos y obliga a apuntar a márgenes altos.
“El desarrollador sigue atrapado en un modelo de construcción artesanal, y en paralelo, el usuario final espera un producto más accesible y eficiente”, explica. El resultado es un ecosistema que no carece de demanda, pero sí de diseño de producto. “El mercado se ha especializado en construir lo que sabe hacer, no lo que la gente necesita vivir”, resume.
La radiografía de precios refleja fuertes diferencias según ubicación. En el eje corporativo (Santa Teresa y Aviadores), los valores oscilan entre USD 1.400 y USD 2.200 por m². En barrios en transición como Recoleta o Villa Morra, se ubican entre USD 1.200 y USD 1.600, mientras que en el Gran Asunción rondan entre USD 900 y USD 1.150 por m².
En este escenario, cobra relevancia el VANT (Valor de Alquiler Neto), que evidencia que existen zonas con precios elevados, pero baja rentabilidad, y otras emergentes con retornos más atractivos.
De ahí que el cambio más relevante se da en el perfil del inversor, que está migrando de buscar plusvalía hacia activos que generen rentabilidad recurrente y real. Entre las principales tendencias se destacan el desarrollo de multifamily, activos de baja vacancia en zonas premium, vivienda unifamiliar en rangos medios-altos y la segunda vivienda como inversión resiliente.
El sector atraviesa una etapa de transición y madurez, marcada por un cambio de lógica: pasar de construir activos a gestionar rentabilidad. Foto: Gentileza
Sin embargo, Ricardo advierte sobre un problema estructural, la falta de información. Muchas decisiones se toman en base a percepciones y no a datos, lo que deriva en precios de entrada por encima del valor real y proyecciones de salida poco realistas. “El inversor exitoso hoy es el que exige datos”, remarca.
Con relación a los proyectos de usos mixtos, están ganando espacio en este nuevo contexto, alineados con la lógica de la “ciudad de los 15 minutos”, donde el usuario prioriza reducir traslados. No obstante, su éxito depende de la gestión y de la interacción eficiente entre los distintos usos.
En paralelo, barrios como Manorá o Mburucuyá consolidan su atractivo por ofrecer servicios a escala humana. Allí, el valor no está en intervenciones superficiales, sino en generar propuestas que respondan a lo que el mercado realmente demanda.
Por otro lado, el referente detalla que el concepto de vivienda también se redefine. “La casa propia es un ideal cultural muy fuerte, pero financieramente es, a menudo, un pasivo”. El análisis pasa por el costo de oportunidad: en ciertos casos, alquilar e invertir en activos que generen flujo puede resultar más eficiente que asumir una deuda a largo plazo.
Ricardo Ávalos, CEO & Founder Canopy SA. Foto: Néstor Soto
Hoy, además, surgen alternativas intermedias, como los fondos de inversión inmobiliaria, que permiten acceder al mercado sin necesidad de adquirir un inmueble directamente. Ante esto, el foco debe estar en profesionalizar las decisiones y entender el mercado desde los datos. En ese sentido, recomienda evaluar el ingreso operativo neto (NOI), el entorno del proyecto, diversificar inversiones y analizar el historial del desarrollador.
Para Ricardo, el secreto es “comprar lo que la gente necesita, techo y logística, no solo lo que la gente quiere, el lujo”, atendiendo el contexto de un mercado que madura, en el que la diferencia ya no estará en construir más, sino en construir mejor.
El secreto es “comprar lo que la gente necesita, techo y logística, no solo lo que la gente quiere, el lujo”, señala Ricardo Ávalos. Foto: Ilustrativa