Alexandra Cortese
MSc en Comunicación Corporativa y Reputación
IG: @alecortesemLKD: Alexandra Cortese Mayans
Una de las cosas que más disfruto es escribir. Hace más de diez años publico columnas y artículos en distintos medios. También me gusta enseñar y hablar en público, pero algo que no exploré hasta hace muy poco fue crear contenido en mis redes sociales.
Hace unos días acepté el desafío de sumar nuevas plataformas para transmitir mis ideas, y me encontré de frente con lo difícil que es exponerse: síndrome del impostor en su máxima expresión. Un artículo en una revista impresa no te da un feedback inmediato como sí lo hacen los likes, los comentarios, los follows o los unfollows. Y aunque solemos leer que la necesidad de validación afecta principalmente a los jóvenes, generándoles ansiedad e inseguridades, la verdad es que los adultos también podemos sentirlo. No es casualidad: la neurociencia explica que cuando recibimos un like, nuestro cerebro activa su sistema de recompensa, liberando dopamina a través del núcleo accumbens, la misma región que se activa con el dinero o la comida. Es biológico, no una debilidad. Muy pocos lo admiten. Yo sí lo admito: lo sentí.
Pero la forma de vender y de hacernos conocer cambió. Los profesionales de servicios perdemos oportunidades si no estamos donde están nuestros potenciales clientes: en las redes sociales. Y los números lo confirman: el 78% de los profesionales que usan la venta social en redes superan en resultados a sus pares que no lo hacen. Entonces, ¿cómo insertarnos en este nuevo mundo y aprovechar todo lo que tiene para ofrecernos sin perder nuestro equilibrio en el intento? A mí me funcionó esto:
1. Desactivar notificaciones y regular el uso. Una vez publicado el contenido, entrar como mucho una vez al día a ver cómo funcionó.
2. Tomarlo como un juego. No pasa nada si hay amigos que se ríen o que dejan de seguirte. Probablemente no son tu público objetivo.
3. Ponerse una meta temporal. Los primeros días y semanas van a ser incómodos; es como empezar a ir al gimnasio, y es justamente en esa etapa donde es clave no parar. La evidencia respalda esto: por ejemplo, quienes publican consistentemente en LinkedIn durante 90 días ven resultados concretos, más visibilidad, más seguidores y nuevas oportunidades de negocio. Asi que fijá una fecha en el calendario y hasta ese día, no abandones. Después evaluá si querés continuar, pero no antes.
4. No darle demasiado espacio mental. Especialmente si sos perfeccionista, como yo. La investigadora Brené Brown lo dice con claridad: el perfeccionismo no es un esfuerzo por ser mejor, sino una forma de protegerse del dolor del juicio. En contenidos no existe una fórmula universal; podés estar haciendo un excelente trabajo y simplemente no haber conectado todavía. Soltalo y seguí.