Por: Alba Delvalle
De una industria inexistente a más de 8.000 empleos y exportaciones récord: el sector se consolidó como uno de los motores manufactureros del país. En ese proceso, Tatiana Mursa no solo fue testigo, sino parte de una transformación que cambio el juego.
Cuando Tatiana Mursa llegó a Paraguay en 2011, el desafío era claro: instalar una industria que prácticamente no existía. En ese momento, el sector autopartista contaba con una sola empresa y apenas 250 trabajadores.
Hoy, quince años después, la historia es otra, más de 8.000 empleos directos, siete empresas internacionales operando o en proceso de instalación y exportaciones que superaron los USD 400 millones al 2025.
La industria autopartista no solo creció, sino se convirtió en el principal rubro dentro del régimen de maquila, concentrando cerca del 31% de las exportaciones del sector. En términos concretos, es uno de los casos más claros de industrialización acelerada en Paraguay.
Ese salto industrial estuvo marcado con la figura de una extranjera que adoptó a Paraguay y al rubro como parte de su ecuación. Nacida en Moldavia, creció en un contexto de transformación radical tras la caída de la Unión Soviética.
Con apenas 14 años, vivió un cambio de idioma, del sistema educativo y del modelo económico, aspectos que diseñaron una característica que hoy define su liderazgo: la adaptación al cambio.
Cuando Tatiana Mursa llegó a Paraguay en 2011, el desafío era claro: instalar una industria que prácticamente no existía. Foto: Gentileza
“De niña soñaba con ser médica cirujana, pero la apertura hacia Occidente despertó en mí un fuerte interés por los idiomas y la posibilidad de proyectarme internacionalmente. Me desempeñé como intérprete y mi primera experiencia profesional fue en una firma española que llegó a Moldavia para gestionar la distribución de energía eléctrica”, comenta Tatiana.
Cursó una segunda carrera en Bancos y Bolsas de Valores, graduándose como economista. En 2006 dejó Moldavia para incursionar en una industria completamente nueva para ella: el sector autopartista.
Comenzó a trabajar en Fujikura Automotive en Rumania, adentrándose aún más por Europa y África, hasta que en 2011 recibió una propuesta que marcaría su carrera: formar parte del equipo que iniciaría las operaciones de Fujikura Automotive en Paraguay.
“Éramos cuatro personas, no había industria instalada, y el país aún no figuraba en el radar industrial de este segmento. Fue un proceso transformador”, asintió. Pero la ubicación estratégica de Paraguay, cercana a los principales polos automotrices de la región, permitió operar bajo esquemas de producción exigentes como el just in time. A eso se sumó un elemento clave: el capital humano local.
La industria autopartista es intensiva en mano de obra, pero también en precisión, y ahí apareció una de las variables que terminó marcando el diferencial, conocida hoy como la participación femenina. Tatiana es actualmente presidente de Fujikura Automotive Sud América y presidente Asociación de Industrias Autopartistas del Paraguay (AIAP).
La industria autopartista es intensiva en mano de obra, pero también en precisión, y ahí apareció una de las variables que terminó marcando el diferencial, conocida hoy como la participación femenina. Foto: Archivo
El 60 % del personal operativo en Fujikura Paraguay está compuesto por mujeres. En cargos gerenciales hay paridad, y en niveles de supervisión la participación femenina ronda el 48 %. Más que una política, fue una evolución natural basada en resultados. La industria no es masculina ni femenina, es profesional”, sostiene la ejecutiva.
En la práctica, esa afirmación se tradujo en productividad, calidad y estabilidad en los procesos. La atención al detalle, la disciplina y la capacidad de adaptación, son atributos que ella destaca en la mano de obra local femenina, que fueron claves para escalar operaciones en un sector donde los estándares son globales.
Ese mismo capital humano fue uno de los factores que convenció a las primeras empresas a instalarse en Paraguay, incluso sin antecedentes en el rubro. El otro gran factor fue el entorno, pues el desarrollo del sector no se explica solo por la inversión privada.
Hubo también un proceso de acompañamiento institucional que permitió agilizar trámites, modernizar procesos y generar condiciones competitivas frente a otros mercados. La articulación público-privada, en este caso, fue determinante, asegura.
Desde la AIAP, el foco está puesto en sostener ese crecimiento con más tecnología, menos burocracia y mayor integración regional. En ese camino, acuerdos como el ACE 74 con Brasil y el ACE 13 con Argentina fueron fundamentales para consolidar la inserción del país en la cadena automotriz regional, aunque el desafío ahora es escalar, dice.
Nacida en Moldavia, creció en un contexto de transformación radical tras la caída de la Unión Soviética. Foto: Gentileza
“El sector ya demostró que puede crecer. Ahora necesita consolidar volumen, atraer más inversiones y avanzar hacia procesos cada vez más sofisticados, ahí es donde Paraguay empieza a jugar en otra liga”, afirma.
Es decir, el país ya no es solo una alternativa de costos, es una plataforma industrial en construcción, con capacidad de integrarse a cadenas globales de valor. Y en ese proceso, el autopartismo aparece como un laboratorio de lo que puede venir después. Para la CEO, el crecimiento del sector también refleja algo más amplio: la madurez del país como destino de inversión.
“Paraguay estaba preparado y esperando esta oportunidad”, remarca, al tiempo de agregar que esa preparación no fue casual. Es el resultado de años de estabilidad macroeconómica, reglas relativamente claras y una apertura progresiva hacia la inversión extranjera. Un combo que hoy empieza a mostrar resultados concretos.
En lo personal, su historia también rompe esquemas, no solo por venir de otro continente a liderar una de las industrias más dinámicas del país, sino por hacerlo en un sector históricamente dominado por hombres. Sin embargo, ella prefiere evitar ese enfoque y hablar de equipos, de capacidades y de resultados. De liderazgo adaptativo en contextos cambiantes, de formación constante y de entender que el crecimiento, tanto personal y empresarial, nunca es lineal.
Fuera del ámbito corporativo, mantiene una rutina centrada en el aprendizaje continuo, la lectura y el deporte. Pero, sobre todo, en el equilibrio. Su recorrido es un claro ejemplo de que las transformaciones, personales e industriales, no ocurren de un día para otro. Se construyen. Y Paraguay ya tiene un caso concreto que lo demuestra, con el sector autopartista, probablemente, uno de sus ejemplos más contundentes.
La industria autopartista hoy genera 8.000 empleos directos, cuenta con siete empresas internacionales operando o en proceso de instalación y exportaciones que superaron los USD 400 millones al 2025. Foto: Archivo