Por: Alba Delvalle
Más eficiencia productiva, decisiones basadas en datos y un productor obligado a optimizar cada variable: el sector entra en una etapa más exigente, donde la rentabilidad ya no depende solo del precio, sino de cuánto se mejora internamente. Rodrigo Artagaveytia, referente del modelo de ferias por pantalla, comparte su visión acerca de esta tendencia.
Un tema que se viene instalando es el cómo volver a aumentar el hato ganadero, pero para Rodrigo Artagaveytia, la actividad pecuaria atraviesa una etapa de transformación en la que el crecimiento ya no pasa solo por tener más hacienda, sino por producir mejor. El negocio sigue siendo atractivo, pero cada vez más selectivo, con la diferencia marcada por la eficiencia, la información y la capacidad de gestión.
Él detalla que el mercado dejó atrás la lógica de volumen para pasar a una lógica de valor, puesto que cada animal se comercializa con mayor nivel de detalle: genética, peso, manejo sanitario y nutricional. Esa información no solo mejora la transparencia, sino que también define el precio.
“Ya no se vende solo un ternero, se vende información, y eso premia al productor que trabaja mejor”, explica el director de Everdem, firma pionera en la feria de ganado por pantalla. En paralelo, la tecnología empieza a jugar un rol central en toda la cadena, con herramientas digitales que permiten anticipar operaciones, comparar opciones y tomar decisiones en tiempo real, sin necesidad de recorrer establecimientos o ferias físicas.
Para el productor, esto se traduce en algo clave: eficiencia en el uso del tiempo y mayor capacidad de análisis. “Hoy se puede evaluar y comprar desde el celular, sin dejar el campo, y eso cambia la dinámica del negocio”, expresa.
Sin embargo, Rodrigo señala que el mayor desafío no está en la comercialización, sino en la producción. Paraguay todavía tiene un amplio margen para mejorar sus indicadores productivos, especialmente en reproducción.
Actualmente, la tasa de marcación se ubica entre el 40 % y 50 %, cuando podría acercarse al 70 %. Esa brecha representa una enorme oportunidad, con más terneros, más volumen y mayor rentabilidad sin necesidad de expandir la superficie.
“El potencial está dentro del propio sistema. No es solo crecer hacia afuera, sino hacer mejor lo que ya tenemos”, sostiene. Este cambio de enfoque también redefine el atractivo del negocio para nuevos inversores, y aunque la demanda internacional por carne se mantiene firme, los precios actuales del ganado elevan la barrera de entrada.
“Hoy la ganadería está cara, para quien quiere entrar, no es el mejor momento. Hay que mirar bien los tiempos”, advierte. Ante este escenario, el capital comienza a diversificarse dentro del propio ecosistema agropecuario. Sectores como la forestación, el riego o la integración productiva ganan protagonismo como nuevas vías de inversión.
El riego aparece como uno de los grandes vectores de crecimiento, con potencial para elevar significativamente la productividad en distintas zonas del país. No obstante, su desarrollo aún depende de mejoras en infraestructura y acceso a energía.
A esto se suma la oportunidad de avanzar hacia una mayor industrialización, un paso clave para dejar de depender exclusivamente de la exportación de materia prima y capturar más valor dentro del país.
El negocio sigue siendo atractivo, pero más selectivo, por la eficiencia, información y la capacidad de gestión.
En ese contexto, Paraguay mantiene una ventaja clara: la previsibilidad. Las reglas de juego estables y una visión de largo plazo siguen siendo factores determinantes para atraer inversiones y sostener el crecimiento del sector, remarca el empresario.
Es así que la ganadería se encuentra en una nueva fase, al ser más profesional, más tecnológica y más exigente. Un negocio que seguirá siendo rentable, pero que demandará cada vez mayor precisión en la gestión, por lo que; “el desafío es claro, mejorar los resultados con lo que ya tenemos”, concluye.
