Una firma local brindará su know-how a la autoridad forestal boliviana, con la apuesta de mejorar los estándares, ordenar los procesos y generar nuevas oportunidades comerciales.
El sector forestal de Bolivia empieza a moverse hacia un cambio estructural, ordenar su producción, cumplir estándares internacionales y abrir mercados. Y en ese proceso, Paraguay le exportará algo más valioso que productos, la experiencia.
Es así, mediante un convenio entre la certificadora Control Union Paraguay y la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierra (ABT) de Bolivia, marca el inicio de una hoja de ruta que apunta a resolver uno de los principales cuellos de botella del sector:la falta de trazabilidad y certificación que hoy limita el acceso a mercados exigentes.
Y si muchos se preguntan, por qué esto importa, y no solo para Bolivia, es que el movimiento responde a una tendencia global clara, de que sin certificación, no hay mercado y en al región esto se está entendiendo.
Normativas como la regulación europea contra la deforestación (EUDR) están elevando la vara. En la práctica, esto significa que productos forestales, sean madera, derivados y toda su cadena, deben demostrar origen legal, trazabilidad completa y cumplimiento ambiental.
Convenio entre la certificadora Control Union Paraguay y la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierra (ABT) de Bolivia. Foto: Gentileza
Sin estos requisitos, Europa y Norteamérica quedan prácticamente fuera del radar comercial. Ahí es donde entra el know-how paraguayo, por lo que más que un acuerdo institucional, lo que se está transfiriendo es experiencia.
Ese conocimiento que ya el mercado local adopta con la implementación de estándares internacionales, de sistemas de control y certificación, y de adaptación a mercados exigentes.
Esto posiciona a Paraguay en un rol poco explorado pero estratégico, al ser proveedor regional de servicios técnicos para elevar industrias, y en esta caso a un sector que busca formalizarse en lo forestal.
El plan en Bolivia pretende ordenar un ecosistema históricamente fragmentado, reduciendo la informalidad, mejorar la calidad de producción, e integrar al sector privado a esquemas certificados.
La certificación no solo impacta en exportaciones. También mejora precios, acceso a financiamiento y sostenibilidad del negocio.
Además, hay un efecto directo en comunidades que dependen del bosque, que podrían acceder a mejores ingresos si logran insertarse en cadenas formales.
Es así que, lo que está en juego no es solo el desarrollo forestal de Bolivia, sino un cambio más amplio en la región: quién logra adaptarse primero a las nuevas reglas del comercio internacional.
En ese tablero, la certificación deja de ser un “plus” y pasa a ser condición de entrada, y Paraguay, en ese escenario, empieza a jugar otro partido: no solo como exportador de materia prima, sino como exportador de estándares.