En el Mes de las Empresas B, líderes del sector público y privado analizaron cómo el acuerdo puede abrir oportunidades, pero también exigir a las compañías integrar sostenibilidad y propósito para competir a nivel global.
El acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur volvió al centro de la conversación empresarial, esta vez desde una mirada que va más allá del comercio: cómo competir en un nuevo escenario global donde la sostenibilidad deja de ser un diferencial y pasa a ser una condición.
En el marco del Mes de las Empresas B, referentes del sector público, organismos internacionales y líderes empresariales participaron de un espacio de diálogo que puso sobre la mesa oportunidades, desafíos y, sobre todo, el rol que deberán asumir las empresas de la región en esta nueva etapa.
El panel reunió a representantes de Rediex, la Unión Europea y Mentu, bajo la moderación de Marta Sabanes. A la conversación se sumó también la visión empresarial de Jorge Bunchicoff, aportando una lectura desde la experiencia concreta.
El intercambio dejó en claro que el acuerdo representa una oportunidad relevante para la región, pero no automática. La apertura de mercados viene acompañada de estándares más exigentes, especialmente en trazabilidad, sostenibilidad y prácticas empresariales responsables.
En ese contexto, uno de los ejes más fuertes fue la necesidad de repensar el modelo de negocios. Ya no se trata solo de exportar más, sino de hacerlo mejor: con procesos alineados a criterios ambientales y sociales, y con una propuesta de valor que responda a las nuevas demandas internacionales.
El intercambio dejó en claro que el acuerdo representa una oportunidad relevante para la región, pero no automática. Foto: Gentileza
La conversación también apuntó a un cambio de mentalidad. Competir a nivel global implica integrar propósito y sostenibilidad en la estrategia empresarial, no como un complemento, sino como parte del núcleo del negocio. Para muchas empresas, esto representa tanto un desafío como una oportunidad para diferenciarse.
Además del análisis, el encuentro funcionó como un espacio de conexión entre actores de distintos sectores, con el objetivo de fortalecer la competitividad y anticipar cómo podría evolucionar el ecosistema empresarial bajo este nuevo marco.
Más que una discusión técnica, el diálogo dejó una idea clara: el acuerdo UE–Mercosur puede ser un punto de inflexión, pero el verdadero impacto dependerá de cómo las empresas de la región se adapten y respondan a un entorno cada vez más exigente.