Paraguay redefine su mezcla de biodiésel, fija un piso del 5 % y abre la puerta para escalar hasta 20 % con un nuevo esquema, pendiente de reglamentación por el Poder Ejecutivo. Esto transformará el sistema de mezcla en un modelo flexible que puede impulsar la producción local, sustituir importaciones de combustibles fósiles y fortalecer la autonomía energética del país.
Paraguay está a un paso de redefinir su esquema de mezcla de biodiésel, con un cambio que puede tener impacto directo en la industria, la balanza energética y la generación de valor local.
El Congreso Nacional sancionó la modificación de la Ley 6389/19, estableciendo un piso obligatorio del 5 % de mezcla de biodiésel con combustibles fósiles, nivel que ya no podrá ser reducido.
A partir de allí, el nuevo marco habilita un aumento progresivo de hasta el 20 %, cuya aplicación quedará a criterio del Ejecutivo, a través del Ministerio de Industria y Comercio (MIC).
Así lo indicó en conversación con FOCO Massimiliano Corsi, presidente de la Cámara Paraguaya de Biocombustibles y Energías Renovables (Biocap), pero lo más importante para el sector, es que no se trata de un cambio meramente porcentual.
El nuevo esquema implica pasar de un sistema rígido a uno flexible, capaz de adaptarse a las condiciones del mercado y a la disponibilidad de materias primas.
“Lo que va pasar es que el 5 % de mezcla establecida que ya logramos, va ser el piso y esto significa que ya no se puede retroceder, porque tendrá una base sólida al ser política de estado, y el MIC va regular el % de mezcla en base a las condiciones de mercado”, expresó Massimiliano.
El 5 % de mezcla tendrá una base sólida al ser política de estado, y el MIC regulará el porcentaje de mezcla en base a las condiciones de mercado. Foto: Mariana Díaz
Ese giro abre una ventana para el desarrollo del sector pues la posibilidad de aumentar la mezcla permite aprovechar la capacidad instalada, dinamizar inversiones y expandir el uso de insumos locales, principalmente vinculados a la producción agroindustrial.
Uno de los impactos más relevantes es la sustitución de importaciones de combustibles fósiles. A mayor participación del biodiésel, mayor capacidad del país para reducir su dependencia energética externa, generar valor agregado interno y fortalecer su balanza comercial.
Además, el nuevo marco crea condiciones para la generación de empleo y el desarrollo de nuevas cadenas productivas, en un contexto donde la transición energética gana peso a nivel global.
Es así que el siguiente paso será determinante, ya que la reglamentación por parte del Ejecutivo definirá el ritmo de implementación del nuevo esquema y, con ello, su capacidad de traducirse en inversiones concretas, agregó Massimiliano.
En un escenario internacional marcado por la volatilidad energética, Paraguay tiene la oportunidad de avanzar hacia un modelo más diversificado, integrando su potencial agroindustrial con el desarrollo energético y consolidando una mayor autonomía en el abastecimiento de combustibles para el transporte.