Por: Alba Delvalle
Una mirada femenina que conecta Paraguay con las decisiones que moldean el crecimiento y la cooperación en América Latina y el Caribe. Estefanía Laterza, comparte su trayectoria desde el ámbito nacional a un organismo como CAF.
Desde Asunción, Estefanía Laterza de los Ríos lidera la proyección regional de CAF, combinando experiencia técnica, diplomática y capacidad de integración en un entorno multilateral donde se diseñan políticas y financiamientos que impactan a 22 países de América Latina.
Su trayectoria rompe esquemas: pasó del ámbito nacional a la banca de desarrollo, enfrentando estructuras complejas y espacios históricamente dominados por hombres, para convertir la voz paraguaya en influencia real sobre la agenda regional de desarrollo y cooperación.
Pasar de instituciones locales como Cancillería y Rediex, a un organismo multilateral no es solo un cambio de oficina, es un cambio de escala, de exigencia y de mentalidad. El salto a directora de Casas de Integración de CAF - Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe en Asunción, implicó salir de un terreno conocido para ingresar a una estructura con profesionales bajo estándares altamente competitivos.
“La decisión más determinante fue salir de la zona de confort”, afirma. Ingresar a CAF significó volver a aprender, adaptarse a procesos multilaterales y confiar en que su experiencia en diplomacia e integración podía proyectarse a nivel regional. “Evolucionar implica aceptar que hay terrenos nuevos donde una no lo sabe todo, y aun así avanzar”, detalla.
Si bien, CAF ha avanzado en igualdad de género, las barreras culturales en América Latina no desaparecen de inmediato. Persisten cuestionamientos sutiles sobre autoridad o ambición femenina. Frente a eso, Estefanía optó por tres pilares: desempeño técnico sólido, voz firme y acompañamiento a otras mujeres.
“No basta con ocupar espacios, es necesario abrirlos”, sostiene. El mentoreo, para ella, no es accesorio sino estratégico. Acompañar a mujeres jóvenes, orientarlas en procesos internacionales y ayudarlas a navegar estructuras complejas forma parte de su compromiso profesional.
Las carreras con proyección internacional exigen decisiones constantes, y más que hablar de renuncias, prefiere denominarlas elecciones conscientes. El equilibrio entre vida profesional y personal no es estático; se redefine en cada etapa y requiere resiliencia y redes de apoyo, asegura.
Diferencial paraguayo. En un organismo regional, una profesional paraguaya aporta capacidad de articulación y vocación integracionista. Paraguay, sede fundacional del Mercosur, arrastra una tradición diplomática que valora el diálogo y la construcción de consensos. “Conectar lo nacional con lo multilateral es un activo estratégico”, remarca.
Para Estefanía, el liderazgo femenino no es simbólico, más bien, mejora la calidad de las decisiones. En organismos financieros, la presencia de mujeres amplía la agenda del desarrollo más allá de infraestructura y cifras, incorporando impacto social, equidad y sostenibilidad.
Su mensaje para las paraguayas que aspiran a proyectarse internacionalmente es claro: formación, idiomas y experiencia técnica son clave, pero la confianza es determinante. “En los espacios internacionales nadie lo sabe todo, lo que marca la diferencia es animarse. Porque cada mujer que cruza esa frontera profesional no solo avanza en su carrera: amplía el horizonte colectivo”, acota la directora.