José Vicente Troya
Representante Residente del PNUD en Paraguay
A nivel mundial ya es claro que los empleos verdes no son una moda, son parte de un cambio profundo en cómo producimos y trabajamos. Está demostrado que millones de personas dependen directamente de la naturaleza, y que cuidarla abre oportunidades reales en agricultura, turismo, energía y construcción.
Y cuando miramos ese panorama global desde Paraguay, las oportunidades se vuelven más evidentes. El país tiene con qué: una matriz eléctrica renovable, una base agroproductiva fuerte y un vínculo estratégico con la región y el mundo a través del Mercosur. Si a eso sumamos eficiencia energética, tecnología más limpia y modelos circulares, hablamos de productividad, utilidades y crecimiento; es decir, empleos verdes.
En el 2025, Paraguay demostró liderazgo en esta temática. Desde el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social (Mtess), junto con la OIT y Unicef y el Programa de las Naciones Unidades para el Desarrollo (Pnud), impulsamos un ciclo de talleres que sentó a una mesa multisectorial para algo bien concreto: acordar una hoja de ruta común en torno a los empleos verdes, y pasar del qué al cómo.
Con ese potencial sobre la mesa, entre noviembre y diciembre tuvo lugar el Ciclo de Talleres de Inteligencia Colectiva sobre Empleo Verde. El objetivo del ciclo fue el de reducir la brecha entre el potencial que todos vemos y los resultados actuales. Fue un espacio para alinear lenguajes, identificar cuellos de botella y priorizar acciones.
¿Qué nos dejó el ciclo? Varios hallazgos y, entre ellos, tres ideas sencillas que involucran al sector privado. Primero, la formación y reconversión laboral: es urgente preparar a la fuerza laboral con habilidades técnicas y digitales para adaptarse a procesos más limpios y eficientes.
En segundo lugar, la innovación empresarial, la necesidad de que las empresas apuesten por tecnologías sostenibles y modelos circulares que reduzcan el impacto ambiental y generen valor agregado.
Po último, la necesidad de generación de alianzas estratégicas, la transición hacia economías verdes requiere cooperación entre sector privado, gobierno y sociedad civil para diseñar políticas, incentivos y proyectos conjuntos.
Ahora, para que esto realmente despegue, el Estado debe allanar el camino: reglas claras y trámites simples que den confianza para invertir; incentivos que hagan viable apostar por tecnologías más limpias y normas y datos que permitan medir avances.
“Este proceso es clave porque orienta políticas públicas que respondan a los desafíos y oportunidades del país. La meta es que la transición hacia empleos verdes nazca con enfoque de trabajo decente, uniendo desarrollo productivo, formación para el trabajo y protección de los derechos laborales”,indicó Fernando Ovando, director de Formación y Capacitación Laboral del Mtess.
El mensaje es claro: el sector privado es protagonista. Cada empresa que invierte en sostenibilidad genera empleo, resiliencia y cadenas de valor competitivas. Con un Estado que aporte previsibilidad e incentivos, y con gremios y universidades impulsando formación pertinente, Paraguay puede aprovechar la transición verde para ganar productividad, utilidades y crecimiento.
Tenemos las condiciones, hay avances importantes. Ahora toca potenciarlo juntos.