Elisa Ferreira Da Costa Perán
Trust Family Office
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En la columna del día de hoy haremos una explicación interesante y necesaria para quienes invierten, o desean invertir, en los mercados. Escuchamos con frecuencia términos como inversiones, bolsa, mercado, riesgo, volatilidad, ganancias o pérdidas. Son palabras habituales, pero no siempre se comprenden de la misma manera ni se utilizan con el mismo significado.
Hoy conversaremos especialmente sobre el mercado internacional. Esta aclaración es importante porque Paraguay es un mercado joven y, como inversionistas, aún no estamos del todo acostumbrados a ver reflejado de forma diaria el precio real de mercado de nuestras inversiones. En el mercado internacional, en cambio, los precios se mueven constantemente, y eso puede generar inquietud, dudas e incluso ciertas decisiones apresuradas. Por ello, además me parece importante aclarar una confusión muy común respecto a riesgo y volatilidad, que no son lo mismo, aunque muchas veces algunas personas confunden y utilizan como sinónimos.
El riesgo es lo que realmente estamos asumiendo. Al momento de invertir, una de las primeras preguntas que deberíamos hacernos es: ¿qué riesgo estoy asumiendo con esta inversión? El riesgo está relacionado con la posibilidad de que una empresa o un activo no cumpla con lo esperado, que tenga dificultades financieras, que no genere los ingresos proyectados o, en el peor de los casos, entrar en default.
Existen distintos tipos de riesgo. A modo de ejemplo, podemos mencionar el riesgo país, el riesgo de liquidez, el sobreendeudamiento, la gestión de costos, entre otros. Muchos de estos riesgos pueden analizarse a través de ratios financieros, calculados a partir de los estados contables de las empresas. Este análisis permite evaluar la solidez de un negocio y determinar si se ajusta a los objetivos y al perfil del inversionista.
La volatilidad es el movimiento del precio. Este concepto suele generar confusión. La volatilidad se refiere a los movimientos del precio de un activo en el mercado. Es decir, cuánto y con qué frecuencia sube o baja su cotización en un período determinado. Un activo puede ser muy volátil, con subas y bajas frecuentes, sin que eso implique necesariamente que sea una mala inversión o que la empresa sea débil. La volatilidad describe el comportamiento del precio, no la calidad del negocio que está detrás. Y el precio lo define el mercado.
Una de las herramientas más utilizadas para medir la volatilidad es un indicador llamado Beta. La Beta compara y nos cuenta a través de su resultado numérico el movimiento de un activo con relación al movimiento del mercado en general, para que podamos tener una idea de qué tan volátil será la inversión. Una Beta igual a 1 indica que el activo tiende a estar en línea con el mercado, es igual al mercado. Una Beta mayor a 1 significa que el activo suele moverse mucho más que el mercado, tanto al alza como a la baja, por ende, es un activo con alta volatilidad. Una Beta menor a 1 indica que el activo se mueve menos que el mercado, se dice que tiene menor volatilidad. Es importante aclarar que la Beta no mide el riesgo total de una empresa, sino únicamente cómo se mueve su precio en relación con el mercado.
Comprender la diferencia entre riesgo y volatilidad no elimina la incertidumbre que se tiene referente a la inversión, pero sí nos permite tomar decisiones con mayor criterio, menos ansiedad y con una mirada de largo plazo. Y, en definitiva, invertir no se trata de evitar los movimientos del mercado, sino de entender qué estamos comprando y por qué estamos dispuestos a mantener esa inversión.