Víctor Pavón
Presidente del Centro de Estudios Sociales (CES)
Paraguay logró un elemento de competitividad interna y externa que pocos países tienen y que desearían contar. Un sistema tributario sencillo de bajas alícuotas distribuidas básicamente en el ya conocido 10, 10, 10 del Impuesto al Valor Agregado (IVA), Renta Personal (IRP) y Empresarial (IRE).
Al respecto, he venido proponiendo la derogación de los dos últimos, pero, la batalla cultural para que más personas se unan a esta causa todavía requiere de más tiempo, aunque es preciso decir que sus adeptos vienen creciendo a pasos agigantados.
Considero que para que esta idea derogativa de los tributos mencionados siga creciendo es preciso que más personas se inmiscuyan en la tarea intelectual de entender este tema de fondo. Es imprescindible comprender fuera de toda duda que nuestra libertad, así como el resguardo de nuestra propiedad está en hacer que los impuestos sean lo mínimo posible hasta que no exista ninguno.
Los impuestos en todo tiempo y lugar dañaron el progreso. Condenaron a la gente a permanecer en la pobreza y a ser esquilmados por las castas de políticos y burócratas que viven a costa de esos ingresos logrados con la coerción, como todo impuesto que es, esa es su característica, el uso de la fuerza legislativa para tomar una parte de los ahorros e inversiones que las personas realizamos, en menor o mayor grado.
La denominada política fiscal que con tanto esmero se estudia en nuestros centros de enseñanza paradójicamente es un arma letal contra nosotros. Y si bien es bueno estudiar esa específica área del conocimiento, en verdad es una forma de llevarnos hacia el brete que termina en el Estado, organización política administrada por aquella casta de la cosa ajena que sabe qué les conviene para seguir con sus privilegios. La política fiscal es ese nexo que nos une como personas con el gobierno.
Pero esa relación no es virtuosa, ni voluntaria ni pacífica. Es viciosa. Está basada en la fuerza por el cual el Estado adquiere entidad propia como si fuera un órgano viviente que tiene las características de una divinidad, es omnipresente, omnipotente y omnisciente, esto es, está en todas partes, todo puede y todo sabe.
A eso llegamos y de eso debemos liberarnos. Para ello se hace necesario entender que los impuestos son una forma de robo porque no parte de nuestro consentimiento y voluntad.
Reconozco que pasará todavía tiempo para llegar a este estadio de civilización. Los impuestos son un escollo para ese logro. Y es por eso que, en nuestro país, nunca deben incrementarse.