Gabriela Teasdale
Presidenta de la Fundación Transformación Paraguay
Desde mi oficina en las alturas de Villa Morra me detengo un momento a mirar nuestra bella Asunción. Es una vista que me llena de orgullo, pero también de una profunda reflexión. Veo los edificios nuevos, el movimiento constante y no puedo evitar sonreír al reconocer cuánto se ha desarrollado la Madre de Ciudades, aunque en el fondo sé que recién estamos empezando.
Desde esta perspectiva puedo visionar cosas mucho más grandes, pero al mismo tiempo entiendo que para que una ciudad se eleve y prevalezca en el tiempo, sus habitantes deben elevarse primero. De eso se trata el liderazgo que practico y enseño, de prepararnos constantemente para crecer porque no podemos recibir algo mejor si nosotros mismos no estamos mejor.
A veces nos desvivimos pensando en las grandes inversiones y el desarrollo inmobiliario, pero olvidamos cómo sostener y cuidar la casa grande. Para construir algo que trascienda y logre perdurar, la base debe ser sólida y esa base no es de hormigón sino de valores.
No podemos aspirar a la excelencia si en lo pequeño fallamos, si entramos de contramano simplemente porque es una cuadra corta, si estacionamos bloqueando un garaje o un lugar reservado, si nos adelantamos con prepotencia o ignoramos el semáforo en rojo. Ni qué decir del dolor que nos causa a todos ver la basura acumulada o sufrir las calles inundadas en cada tormenta.
El liderazgo basado en valores empieza por uno de los verbos más poderosos que existen que es honrar. Honrar lo que tenemos reconociendo nuestra historia, esa Asunción de ayer que marcó territorio con valentía.
Cuando honramos fortalecemos el amor y la pasión por lo que nos pertenece y desde el amor solo podemos dar lo bueno. Mi pregunta hoy para cada uno de ustedes es cuánto amamos realmente a Asunción porque ese amor se tiene que ver en la responsabilidad que asumimos.
Amar a nuestra ciudad significa no tolerar lo que está mal, no podemos ser indiferentes ante el pésimo estado de las calles, la inseguridad, un transporte público desfasado, el espectáculo triste de agentes de tránsito y conductores participando del círculo vicioso de la coima o nuestro Río Paraguay castigado por la basura.
Esto no es una queja sino un despertar de consciencia. Solo reconociendo nuestra realidad podemos cambiarla. Ciudades pequeñas como Bilbao o Curitiba lograron transformarse porque su gente decidió elevar sus estándares, se pararon firmes y eligieron vivir desde el orden, la visión estratégica, el respeto, la innovación, la gobernanza transparente y la cohesión social.
Para seguir estos ejemplos necesitamos colaborar e involucrarnos como asuncenos, porque solo entre todos podemos aspirar y lograr construir algo inquebrantable. Aquí el compromiso no es exclusivo de quien ostenta un cargo, la verdad es que es de todos.
Este es un año de elecciones, un tiempo para decidir qué queremos para nuestro futuro, pero el cambio real empieza de adentro hacia afuera para que pueda perdurar.
Es momento de dejar de lado los intereses personales y el egoísmo para demostrar que somos capaces de algo grande. Ya no hay espacio para el conformismo del “así fue siempre” o “yo no me meto” porque esa forma de pensar nos hace pequeños y nosotros los paraguayos estamos hechos de grandeza.
Hagamos que la Madre de Ciudades se levante desde sus valores y que cada obra nuestra sea un reflejo de la ciudad que soñamos habitar. Si amamos esta tierra no nos queda otra opción que demostrarlo desde nuestras acciones. ¡Cuidemos nuestra casa!

Déjanos tus comentarios en Voiz