No es una metáfora ni tampoco una promesa futurista. Es un dato medido en laboratorio, probado en techos reales y presentado ante la comunidad científica internacional. Un vegetal nativo del Paraguay, el mbokaja, hoy se usa como ingrediente en la elaboración de pinturas frías que tienen la capacidad de producir hidrógeno.
¿Sabías que el verano paraguayo puede llevar fácilmente la temperatura de un techo de chapa a más de 55 grados Cel sius? Ese calor invisible, que se acumula sobre miles de viviendas, no solo vuelve inhabitable el interior de las casas, sino que además tensiona el sistema eléctrico, multiplica el uso del aire acondicionado y convierte a las ciudades en verdaderas islas térmicas.
Pinturas frías a base de lixiviado de mbokajá.
En este escenario extremo, una solución científica desarrollada en Paraguay comienza a destacarse por su audacia y su potencial impacto. Se trata de las pinturas frías basadas en un vegetal nativo, el mbokaja, cultivado en Cordillera, que reducen la temperatura de los techos y, al mismo tiempo, producen hidrógeno limpio.
FOCO conversó con la Dra. Fátima Yubero, una de las investigadoras a cargo del estudio, quien desde la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Nacional de Asunción, comentó que el mismo se da en el marco del proyecto internacional ENER 01_02, cofinanciado por las agencias Conacyt (Py), Conicet (Arg) y FAPESP (SP-Bra).
Muestras de pintura fría en laboratorio.
Pinturas que enfrían ciudades y producen energía. Las llamadas pinturas frías no son una novedad en el mundo. Su principio se basa en el efecto albedo, es decir, la capacidad de una superficie de reflejar la radiación solar.
Cuanto mayor es esa reflectancia, menor es el calor absorbido. Sin embargo, el avance desarrollado en Paraguay introduce un giro radical: no solo reflejan el calor, sino que generan energía. A partir de la caracterización de aglomerantes vegetales extraídos del mbokaja (Acrocomia aculeata), el equipo liderado por la Dra. Fátima logró desarrollar revestimientos capaces de producir hidrógeno por lixiviación, es decir, mediante el lavado controlado del material, aprovechando el agua de lluvia captada por los techos.
Hoy, ese hidrógeno ya permite cargar dispositivos domésticos como celulares en aproximadamente 15 minutos, manteniendo voltajes e intensidades de corriente constantes, un desafío técnico que históricamente ha limitado la viabilidad del hidrógeno como fuente energética distribuida.
Este detalle no es menor, pues la estabilidad de la carga, lograda a bajas temperaturas y en condiciones suaves, posiciona a esta tecnología como una alternativa real y segura, alineada con el concepto internacional de safe by design.
Dispositivo de celda tipo PEM para la conversión de energía química en energía eléctrica. Foto: Gentileza.
Ciencia paraguaya en el escenario global. Recientemente, el proyecto ENER 01_02 fue seleccionado -entre más de 300 trabajos- para ser presentado en la 14ª Conferencia Internacional sobre Materia les Avanzados e Ingeniería de Materiales, realizada en Hong Kong, China.
“Solo 50 proyectos alcanzaron esa instancia”, explicó la investigadora. De hecho, el equipo paraguayo, representado por ella, mostró allí la caracterización química completa de los revestimientos fríos vegetales. Esta es la primera vez que Paraguay presenta este tipo de tecnología con impacto urbano, energético y ambiental integrado.
Además, el estudio del efecto albedo se realizó de manera comparativa en ciudades de Asunción, Posadas, Mendoza y Campinas, generando por primera vez datos regionales sobre reflectancia solar urbana en el Cono Sur.
Cuando la naturaleza diseña la solución. Lejos de replicar modelos industriales intensivos en carbono, estas pinturas reducen su carga química aprovechando los propios elementos que la naturaleza ya equilibra energéticamente.
Las pruebas realizadas en techos de chapa -los más comunes en Paraguay- mostraron reducciones de temperatura de entre 15 y 16 grados Celsius en la su perficie, lo que se traduce en interiores hasta 10 grados más frescos.
Esto podría disminuir de manera significativa el uso de aire acondicionado, el consumo eléctrico y la emisión de gases refrigerantes altamente contaminantes.
El llamado a los inversionistas. Este no es solo un avance científico. Es una oportunidad estratégica para el sector empresarial e industrial. Las pinturas frías basadas en mbokaja son escalables a viviendas y edificios, utilizan insumos locales y de bajo carbono, se alinean con normativas nacionales emergentes sobre hidrógeno y abren la puerta a nuevas industrias verdes en la región.
Como primer paso, la Dra. Yubero anticipó que el equipo ya presentó avances al Parque Tecnológico Itaipú, y que los resultados cumplen con la nueva normativa paraguaya sobre hidrógeno desarrollada por el INTN y el PTI.
Ahora la pregunta ya no es si esta tecnología funciona, sino quién va a apostar a llevarla a escala. Invertir en este proyecto es apostar por la resiliencia urbana, energía limpia distribuida, conservación de la biodiversidad y ciencia con impacto social real. Y más aún en un país donde el calor marca el ritmo de la vida cotidiana.