Por: Adelaida Alcaraz
Una historia íntima, un nombre que vuelve del pasado y una decisión que cambió un rumbo. Detrás de Madelina hay algo más que un emprendimiento keto. Conocé la historia de la marca de alfajores que planea exportarse en 2028.
Una noche, Sandra Valinoti soñó con su abuela Ña Idelina. En el sueño, la mujer estaba triste, no reclamaba nada extraordinario, sino el simple gesto de ser recordada. Al despertar, Sandra no volvió a dormirse. Ella había entendido que ese mensaje no era simbólico ni pasajero; era una invitación a crear. Esa interpretación, pronto se convirtió en alfajores caseros de la mejor calidad.
Sandra Valinoti, emprendedora.
“Sentí que tenía que hacer algo con su nombre”, recordó. Así nació Madelina Alfajores, no como una marca, sino como acto de memoria.
Al principio, Sandra comenzó con el negocio en una cocina prestada, un horno pequeño y una batidora heredada. No había capital, pero sí la convicción de que, si era dulce, tenía que hacerlo bien, y con sentido. Así, los primeros alfajores se vendían por redes sociales y de mano en mano. Cada unidad financiaba la siguiente.
“Con los ingresos generados por la venta de alfajores fui reinvirtiendo y logré adaptar el quincho de la casa para crear un espacio independiente de producción, cumpliendo con los registros del INAN, lo que nos permitió ingresar posteriormente a supermercados”, mencionó la emprendedora.
El negocio creció cuando la vida volvió a marcar el rumbo. El padre de Sandra, diabético, quería comer algo dulce sin pagar el precio de su salud. No había opciones. Entonces ella las creó. Primero, alfajores de avena sin azúcar. Después, cuando el mercado empezó a hablar keto, ella no dudó en sumarse a esa tendencia.
“Los clientes me pedían productos que pudieran disfrutar sin culpa”, reveló. En 2022 llegaron los alfajores keto. Y con ellos, el crecimiento dejó de ser lento para volverse exponencial.
Hoy, Madelina Alfajores produce más de 10.000 unidades al mes, está presente en más de 150 puntos de venta y opera desde una fábrica propia en Asunción. Pero su diferencial no está solo en las cifras. Madelina se destaca por hacer que el placer sea compatible con la salud.
Sus productos son gluten free, bajos en carbohidratos, aptos para personas con diabetes y pensados también para quienes conviven con TEA, Hashimoto, problemas de tiroides, cáncer, enfermedades autoinmunes o tratamientos complejos.
No como etiqueta comercial, sino como decisión ética. “No hacemos productos saludables para una moda. Los hacemos porque hay personas que los necesitan”, afirmó Sandra.
“Actualmente contamos con 15 variedades de alfajores Madelina. Tenemos 5 alfajores tradicionales de dulce de leche con chocolate blanco, dulce de leche con chocolate semi amargo, guayaba, frutilla y mantequilla de maní; 5 alfajores de avena mantequilla de maní con coco rallado (sin cobertura) y con cobertura de chocolate 70% en sabores: dulce de leche, frutilla, guayaba y mantequilla de maní; 4 alfajores keto (los más vendidos): Manjar de chocolate, frutos rojos, leche condensada y mantequilla de maní; 1 alfajor low carb “Dubai”, con una capa de dulce de leche zero, relleno de pasta de pistacho y láminas crocantes de almendras”, relató.
El equipo creció, los procesos se profesionalizaron y la marca se consolidó sin perder cercanía. Tal vez porque Madelina no fue pensada para escalar rápido, sino para durar, para sostenerse.
Mirando hacia adelante, el sueño de Sandra es triplicar la producción, liderar el segmento saludable y abrir, en pocos años, quizás en el 2028, el camino de la exportación. Pero, por ahora avanza sin apuro. Como quien sabe que las cosas importantes no se empujan, se construyen.

Déjanos tus comentarios en Voiz