Víctor Pavón
(*) Presidente del Centro de Estudios Sociales (CES)
La caída del Imperio Romano en el año 476 d. C. fue un proceso largo y complejo. Pero muchas veces no se cuenta sobre la causa principal de su derrumbe. La gloriosa Roma fue destruida, primeramente, desde su interior a través del daño a la propiedad privada de la tierra y la moneda.
Los soldados luego de volver de las batallas carecían de derechos de propiedad. Les fue arrebatado por el Imperio imponiendo impuestos desincentivando las mejoras y la inversión en general. Similar situación se dio con el dinero. Apareció la inflación impulsada por la devaluación de la moneda para cubrir los gastos militares excesivos.
La gloria de Roma se apagó. La civilización de pensadores, poetas, constructores, ingenieros, escritores, jurisconsultos y genios en estrategia militar, se terminó por derrumbar: La estocada final provino de las invasiones bárbaras.
Roma sigue enseñándonos y mucho. La grandeza romana se dio durante la República que no pudo mantenerse en el tiempo. El desorden interno y las amenazas externas dieron lugar al imperio luego de la República. En el año 27 a. C. Octavio marcó el fin y el inicio de una época.
Las instituciones republicanas del orden bajo la libertad empezaron a decaer impulsadas por las razones antes citadas y por las ambiciones de figuras poderosas como Julio César junto con la consiguiente lucha de poder.
Cuando más poder contaba el Imperio, la República quedó relegada dándose lugar al ocaso de su civilización. Fueron fatales las estocadas a la libertad y a la propiedad.
En este siglo XXI mucho tenemos que aprender de todo ello. Aún con el tiempo transcurrido existe una línea de explicación que no se corresponde con la casualidad, es causalidad. Y las causas acarrean efectos, pueden ser buenas o malas, menores o mayores, pero todo terminan por afectar la vida de los individuos y de la sociedad.
A la fecha podemos afirmar que las barreras para el progreso no se encuentran en la falta de dinero por parte del Estado ni en los recursos naturales. Muchos países pueden contar con suficiente agua dulce, petróleo, electricidad, minerales y población joven. Pero nada de ello es de aprovecho sin reglas de juego que garanticen la vida, la libertad y la propiedad.
Países con abundantes recursos terminan en la maldición de los recursos naturales, una gran paradoja. Países como Venezuela que nadan en petróleo o los de África como el Congo, Nigeria, Zambia y Sierra Leona, cuentan con oro, plata y otros en cantidad y variedad, sin embargo, están estancados, florecen los conflictos, la corrupción campea y el Estado es su administrador. Roma, además del derecho romano, sigue enseñándonos su historia y sobre las causas de su caída.
