Gabriela Teasdale
Presidenta de la Fundación Transformación Paraguay
Hace tan solo unos días, concluí mi recorrido por el anhelado Camino de Santiago de Compostela. Un trayecto que quise hacer por mucho tiempo. Antes de iniciar, los dueños del hotel donde pasé mi primera noche me dieron el consejo más sabio: “Gaby, no tengas expectativas. Andá con el corazón abierto y dejá que todo fluya.”
Y así lo hice. Pero tengo que admitir que el Camino me mostró una verdad que va más allá de cualquier postal o testimonio que recibí antes de iniciar. Viví en carne propia la belleza, sentí el calor sofocante, la lluvia intensa, la fe inquebrantable, y la persistencia de quienes, como yo, se levantaban día tras día para avanzar. El Camino es un espejo, y lo que me enseñó sobre el liderazgo y la vida me renovó por completo.
Esta experiencia me obligó a rendirme ante lecciones que en el trajín diario ignoramos. Y no puedo dejar de compartirlas contigo. Estoy segura de que estos cuatro aprendizajes te ayudarán a caminar un liderazgo más profundo, más humano y, sin duda, mucho más efectivo.
1. La empatía es ver la mochila invisible.
El Camino me evidenció que todos llevamos dos tipos de mochilas: la que se ve (nuestras pertenencias) y la que nadie ve (nuestras historias, dolores y cargas). Tuve el privilegio de escuchar relatos que me conmovieron hasta las lágrimas: “Mi esposo está muriendo de cáncer,” “Perdí a mi hija,” “Estoy buscándome a mí mismo”. La gente se abría con una vulnerabilidad brutal, y uno no puede evitar emocionarse y abrazar la mochila del otro, esa que no se ve.
Mi lección: Como líderes, a menudo juzgamos o miramos al otro como “insuficiente” sin entender el peso que carga en su alma. El liderazgo efectivo comienza cuando miramos a nuestros equipos y familiares no por lo que hacen, sino por lo que son. Volvernos más humanos es nuestro primer llamado.
2. La pausa y el silencio son maestros.
El traqueteo de la vida nos vuelve sordos. En el Camino, la escucha es esencial: escuchar la naturaleza, la historia del peregrino de al lado, y sobre todo, escuchar a Dios. Aprendí que la pausa y el silencio no son vacíos, sino la fuente de la sabiduría.
Mi lección: En el liderazgo, la escucha te lleva a entender las diferentes perspectivas, te aleja del ruido de la comunicación sin sentido y te conecta con la dirección sabia que tu corazón y tu intuición te dan.
3. La Importancia de la meta.
Caminábamos 20 a 22 km cada día, con ampollas, dolor y bajo tormentas. Pero a pesar de todo, nos levantábamos, una y otra vez. ¿Qué nos empujaba? El propósito.
Mi lección: En la vida y el liderazgo, las dificultades (los fracasos, el estrés) van a pasar. Lo importante es cómo respondemos y qué nos mantiene en movimiento. La meta que nos inspira es la que nos obliga a dar un paso más, a pesar del cansancio.
4. El legado va más allá.
Llegar a la meta fue hermoso, pero el verdadero regalo fue caminar día tras día cargando la mochila con historias que llenan el corazón, sanando y agradeciendo, siendo muy consciente de que la mochila que se ve quedará aquí, pero la que no se ve (nuestras huellas de coraje, servicio, fe y amor) es eterna.
Por último, y desde esa generosidad que caracteriza a Compostela, recibí esa energía, o me gustaría llamarla bendición real, que cada peregrino da al desear “¡Buen Camino!” a todo el que se le cruza; es un acto de bien y esperanza que se traduce en creer en los demás y alentarlos a ir más allá. Al final del día, de eso se trata el liderazgo: de influencia positiva, nada más, nada menos.
Mi lección: Tu vida es un mensaje. Por eso te invito a que tengas metas que te inspiren, a que te rodees de buenos compañeros de viaje, que te deshagas del peso que no te permite avanzar, te asegures de que estás creciendo a cada paso, y que vivas con la conciencia de que estás dejando una huella para otros. Que nuestro camino trascienda, así como el del Apóstol Santiago.
¡Buen Camino!

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