Elisa Ferreira Da Costa Perán
Trust Family Office
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Dicen que el sabio no solo aprende de sus errores, sino también de los errores de los demás. Esta vida está llena de experiencias que nos llevan a tomar mejores decisiones a medida que caemos, nos levantamos y volvemos a intentarlo.
Escuchar al que sabe, al que ya pasó por más caídas y más repuntes, es importante y valioso porque nos permite evitar repetir errores y avanzar con mayor seguridad en lo que nos proponemos. Lo mismo ocurre cuando hablamos de la construcción y protección de nuestro patrimonio.
En el día a día del Family Office nos encontramos con diversos temas que inquietan a las familias; desde seguros de salud catastróficos, pasando por inversiones inmobiliarias o financieras, entre otras variadas situaciones.
Cada familia trae realidades diferentes y preguntas distintas, pero todas coinciden en una misma preocupación, cómo cuidar lo que se ha construido. La vida pasa tan rápido que, sin darnos cuenta, acumulamos bienes, empresas e inversiones. Padres que compran un inmueble con un hijo, abren una cuenta con otro o invierten en negocios con el tercero. Al inicio parece fácil de manejar, pero poco a poco la complejidad aumenta y se nos va de las manos. Cuando llega el momento de detenernos y observar, nos damos cuenta de que debemos organizarnos.
Si somos sinceros, también sabemos que la vida es hermosa pero no eterna. Y es allí donde surge la gran pregunta: ¿qué hacer con nuestro patrimonio?, ¿tomamos el control en vida de lo que queremos que ocurra en el futuro?
En este punto, las familias suelen buscar acompañamiento. El rol del Family Office no es decidir por las familias, sino ayudarles a establecer, ordenar y a cumplir con sus propios objetivos. Un resumen de lo que consiste nuestro trabajo es, a) Listar e identificar los bienes, b) Revisar las titularidades (a nombre de quién están), c) Coordinar y acompañar con los profesionales adecuados.
Muchas veces los procesos se vuelven lentos, y allí es donde nosotros entramos; hacemos el seguimiento, impulsamos las reuniones y nos aseguramos de que las cosas avancen.
Cada familia es distinta, pero todas enfrentan el mismo desafío de fondo, organizar y proteger lo que han construido. Hay una realidad que cuesta decir en voz alta, pero que no podemos ignorar; no somos eternos.
Organizar nuestro patrimonio en vida no solo es un acto de responsabilidad, sino también de amor hacia nuestra familia. Anticiparse es la clave para que lo que construimos con esfuerzo perdure y crezca, evitando conflictos y asegurando continuidad para las próximas generaciones.
