Claudio Laterza, CEO de Banco Basa.
01/09/2025 12:29
El Principio de Peter
Claudio Laterza
CEO de Banco Basa
El Principio de Peter es una sentencia. En toda organización, la gente asciende hasta alcanzar su propia incompetencia. Brillás en un rol, te ascienden; lo haces bien, te ascienden otra vez, hasta que un día, te ponen en un puesto donde ya no das la talla. Y ahí te quedas, desbordado, mediocre, incapaz. Un cadáver profesional que nadie se anima a enterrar. Esa es la trampa. Y lo peor, casi todos caen en ella porque confunden experiencia con capacidad y comodidad con éxito.
El liderazgo no es una silla, es un campo de batalla. Si eres líder, tu primera obligación es superar tu propio nivel de incompetencia todos los días. Tu rol nunca te espera, siempre va un paso adelante de lo que puedes manejar. Si no te rompes, si no te educas, si no te incomodas, te conviertes en un lastre para tu equipo. Un jefe obsoleto, un adorno caro, un muro que frena en vez de empujar.
La verdad incómoda es esta: nadie está a la altura de lo que lidera. Siempre estás detrás, corriendo. Y el precio de no correr es la irrelevancia. Liderar exige tragarte el orgullo, admitir que lo que ayer era suficiente hoy es inútil, reconocer que, todo lo que hiciste, todos tus logros, todos tus fracasos, tu experiencia y tus conocimientos, te trajeron hasta acá pero no te llevarán más lejos. Exige pensar más rápido, decidir con más riesgo, escuchar mejor y aguantar más presión. No se trata de mantener lo que tienes, sino de ser brutalmente mejor que ayer. Porque si te quedas quieto, mueres. Y si mueres, matas a tu equipo contigo.
Tu segunda obligación es aún más cruel: obligar a otros a superar también su incompetencia. Y eso no se logra con palmaditas en la espalda ni discursos motivacionales de medio pelo. Se logra incomodando. Señalando la brecha brutal entre lo que hacen y lo que deberían estar haciendo. Entre lo que son y lo que pueden ser. A veces incluso poniéndolos en situaciones donde no tienen más remedio que crecer o quebrarse.
Un verdadero líder debe ser un verdugo del conformismo. Si tu gente no se siente exigida, si no te odia un poco en el proceso, no estás liderando: estás administrando mediocridad. Aplaudir al que se queda cómodo es clavarle un cuchillo en la espalda. Porque el líder que no incomoda condena a su gente a hundirse en la intrascendencia.
Muchos no lo soportarán. Se irán, se quejarán, te odiarán. Y está bien. Liderar no es ganar un concurso de simpatía. Liderar es hacer que los que pueden más, den más. Y los que no, se aparten. Porque la comodidad nunca construyó grandeza. Es ver lo que la gente puede ser aún cuándo ellos mismos no lo vean. Es creer en ellos aún cuándo ellos no creen en sí mismos.
En resumen, el Principio de Peter no es una excusa, es un espejo. Cada día te muestra el límite de tu capacidad. Tu trabajo es romperlo. Primero tú, luego los demás. El líder que se esconde en su comodidad es un traidor. El líder que incomoda, desafía y empuja -aunque duela- es el único que realmente transforma.
