Elisa Ferreira Da Costa Perán
Lic. Administración-UNA
Trust Family Office
Si congelamos el tiempo y miramos desde arriba todo lo que está ocurriendo a nuestro alrededor, notamos que vivimos en una era extremadamente acelerada. En el ámbito laboral, debemos capacitarnos y encontrar maneras de destacar para no quedarnos atrás. Esta es la exigencia actual, impulsada por el avance tecnológico y la era de la información global. Lo que digo no es nada nuevo y es un tema que discutimos frecuentemente, pero hoy quisiera hablar sobre la importancia de detenernos, analizar y en algunos casos soltar.
En el ámbito empresarial y financiero, la realidad es que el mundo ya no permite que nos aferremos a creencias o formas de operar “convencionales”; exige creatividad. Aquí es donde la falacia del costo hundido cobra sentido. El costo hundido se refiere al tiempo, dinero y esfuerzo que hemos utilizado (y perdido) al realizar algo. La falacia, en este caso, es la tendencia a enfocarnos en lo que sabemos que será irrecuperable en el futuro, independientemente de si decidimos continuar o cambiar de rumbo.
Un ejemplo claro sería el siguiente: ¿recuerdan que para ver una película en casa teníamos que estar asociados a un videoclub para alquilar? Teníamos dos días para ver la película tantas veces como quisiéramos, y luego debíamos devolverla a la tienda, mientras buscábamos la próxima opción de entretenimiento. Entre los años 80 y 90, surgieron los primeros videoclubs, un negocio increíble que funcionó por mucho tiempo y tuvo su época dorada. Supongamos que siempre hemos sido dueños de un videoclub. Nos cuesta aceptar que, en la actualidad, ese negocio está en declive. Miramos atrás y vemos el tiempo invertido, las películas compradas, la dedicación al negocio, el inmueble adquirido y los equipos.
Sin embargo, comparando la rentabilidad, esta es del 1% -como ejemplo-, y deberíamos aceptar, al menos, una rentabilidad del 6% -como ejemplo- para que el tiempo y esfuerzo invertido sean recompensados. Este es un claro ejemplo de algo que deberíamos soltar, dejar ir, cerrar esa puerta y visualizar otra salida. A esto llamamos la falacia del costo hundido, en caso de que no queramos cambiar de rumbo y sigamos invirtiendo en algo que no nos da el resultado que deberíamos obtener mínimamente. Este concepto se puede aplicar a muchos ejemplos, como un negocio de comida, videojuegos, inmobiliario o cualquier situación actual que no esté rindiendo lo necesario, pero en la que seguimos invirtiendo.
Algunos puntos a considerar para evaluar si estamos estancados en este tipo de pensamiento son: a) evaluar constantemente tus inversiones de tiempo, esfuerzo y dinero; b) aceptar los cambios y ajustarnos a ellos. No siempre es necesario ser muy estructurados; a veces, se pueden tomar atajos y opciones alternativas para alcanzar un objetivo; c) realizar una evaluación externa. Las perspectivas de quienes observan desde afuera son muy importantes; no es necesario tomar todos los comentarios, pero tener diferentes puntos de vista ayuda a mejorar.
Te animo a reflexionar sobre tu vida, tus finanzas, tus esfuerzos, tu tiempo y tus negocios, y a evaluar cómo se encuentran. ¿Es momento de soltar? Este tema es muy amplio; espero que esta columna ayude a mover el avispero y, si no, que sirva para analizar el futuro o a personas cercanas que podrían estar influenciadas por la falacia del costo hundido.