Elisa Ferreira Da Costa Perán
Lic. Administración-UNA
Trust Family Office
Hoy contaré la anécdota de Norma, que podríamos ser vos o yo. Norma en un día normal se dirigía a una cafetería para encontrarse con sus amigas. Una vez que estacionó su auto y estaba por llegar al lugar de encuentro se dio cuenta que estaba pasando frente a su tienda de ropa favorita y vio un cartel muy interesante: hoy descuento con 10 cuotas sin intereses. No estaba en sus planes parar ahí, no era un día especial para hacer compras porque estaba necesitando algo, pero aun así sintió el impulso y fue a comprar algunas prendas con las cómodas y extensas cuotas que le ofrecían. Al salir de la tienda, ella se retiró feliz con sus nuevas prendas, pero con un poco de culpa sabiendo que vendrían meses con un gasto fijo adicional. A todos nos pasa esto, el deseo muchas veces supera la planificación que llevamos.
Hablar de dinero es un tema muy delicado y no acostumbrado en algunos entornos familiares, específicamente en Paraguay. No estamos acostumbrados a ello y normalmente caemos en la trampa que, en algunas familias, aprendemos a gastar y no a administrar el dinero.
Sin darnos cuenta repetimos algunos errores comunes como confundir necesidad con impulso, Norma seguramente pensaba que se merecía, por ser una semana muy pesada y con muchos altibajos, pero en realidad ella no estaba necesitando en ese momento llenar su placard, lo que lleva a que usualmente normalizamos compras a cuotas sin una buena planificación, tenemos la creencia de que los pagos a cuotas “no se sienten tanto”; esto podría ser una buena opción, el problema está cuando nos acostumbramos a realizar estas compras y tenemos un compromiso alto mes a mes para liquidar estas deudas.
Otro punto importante es que no revisamos los estados de cuentas, “si no veo no pasó”, pero en realidad sigue pasando, tratamos de evitar la información porque sabemos que nos vamos a sorprender y nos desesperaríamos aún más. En el fondo nos refugiamos en el dinero para tapar ciertas emociones, inconscientemente se suele dar este patrón en todos, frente a la tristeza, ansiedad o una extrema alegría.
Por ello, podría haber muchos otros ejemplos y en algunos casos situaciones más difíciles o terceras personas que terminan afectados con nuestras propias decisiones, por eso en este caso quise resumir en tres pasos a tener en cuenta para poder evitar estas situaciones frecuentes. Primeramente, identificar y llamar a los patrones por su nombre, ¿estos gastos se deben a impulsos, presión social, necesidad emocional?, seguidamente esforzarnos para tener el control sobre los números; tener claridad en cuanto a los ingresos y egresos personales, si bien esta práctica pareciera un trabajo arduo y hasta pareciera como un castigo, finalmente es la práctica más sana para poder tener libertad y paz financiera al momento de usar nuestro dinero. Por último, planificar los gustos, aunque pareciera extraño, podemos agregar a nuestro presupuesto un importe para darnos el gusto y no sentirnos culpable en el intento. Darnos el gusto no está mal, el problema está cuando sobrepasamos los límites de lo que realmente podemos pagar.
Cada caso y situación es diferente, sin embargo, estos son algunos puntos que pude ver estos años que ayudan bastante a las personas en sus finanzas. “Caras vemos, deuda no sabemos”, independientemente del nivel de ingreso que tengamos, hay puntos culturales sobre el uso del dinero (o, gasto del dinero) que debemos ir reestructurando. Desaprender ciertas prácticas erradas que identifiquemos en nosotros mismos e ir adquiriendo hábitos saludables que tengan coherencia con nuestro poder adquisitivo. Me gusta recordar que nunca es tarde para empezar, de seguro los resultados no se verán en un mes o en 3 meses, pero dar ese primer paso traerá a un mediano o largo plazo su recompensa. ¿Te animás a iniciar hoy?

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