Elisa Ferreira Da Costa
Lic. Administración UNA
Academia TFO
En este último mes del año, muy festivo y comercial, en donde muchos reciben un aguinaldo o bonificación como reconocimiento por el gran esfuerzo laboral a lo largo del periodo, es bueno estar en conocimiento, moderarse y organizarse financieramente para no caer ante la tentación de un estímulo que solo busque la felicidad momentánea. No dejar que la situación nos controle, sino controlar la situación. Y esto lo podemos hacer previendo la distribución de nuestros ingresos extraordinarios de la siguiente manera:
Adelantar o cancelar deudas: un ingreso extra es una buena oportunidad para liquidar algunas compras a crédito o deudas pendientes que se tienen, de esta manera se puede destinar el 25% para alivianar futuras cuotas que se tengan.
Fondo de contingencia: una recomendación en finanzas personales es tener un fondo de contingencia que nos ayude con gastos no presupuestados o frente a situaciones no predecibles, lo ideal es tener a la vista al menos 3 salarios mensuales. En caso de que estés iniciando y necesites empezar a ahorrar para tu fondo de contingencia, apartar el 25% de tu ingreso extra es una forma de ayudarte a que el fondo esté con el monto recomendado.
Invertir para nuestra jubilación: hay un concepto que se utiliza mucho, pagarnos a nosotros mismos, invertir un monto de nuestros ingresos extras es pensar en nuestro yo del futuro, apartar el 25% de nuestro ingreso extra es una estrategia para hacer crecer nuestro patrimonio y recibir el tan anhelado ingreso pasivo en unos años.
Darnos un gusto: si bien decíamos que debemos buscar algo que perdure en el tiempo y nos brinde la verdadera felicidad, nuestro esfuerzo también debe ser recompensado, un 25% del ingreso extra podemos distribuir para estas fiestas compartir con los demás, dar regalos a los demás y darnos regalos a nosotros mismos por todo nuestro esfuerzo, que debe ser recompensado
Gastar sin pensar es lo que hace que no entendamos a dónde va nuestro dinero y no tener un propósito o una meta colabora a que no comprendamos a dónde queremos llegar. En cambio, definir nuestro norte colabora para que produzcamos serotonina, nos conozcamos, nos amemos y podamos llegar a la meta siendo felices.
Para explicar esto, hablemos un poco de fisiología, específicamente dos hormonas que todos nosotros generamos. Por un lado, está la dopamina, que es la hormona que se libera frente un momento de alegría intensa que pareciera que encontramos la felicidad, pero la duración es solo momentánea y no perdura en el tiempo. Si esto trasladamos en nuestras vidas personales podemos decir que nos produce una fuerte emoción de gozo o placer al momento de comprar cosas materiales como algún reloj, vestido o auto que tanto anhelamos.
Como seres humanos, buscamos constantemente la felicidad. Sin embargo, inconscientemente buscamos un estímulo que nos genere dopamina en vez de serotonina pensando que ahí encontraremos la felicidad. Todo esto nos explica, con otras palabras, la reconocida psiquiatra y escritora Marian Rojas en sus libros e incluso en varias conferencias públicas que se pueden ver en internet.
La serotonina es la hormona a la que se le llama también la “hormona de la felicidad”, debido a que se libera en nuestro cuerpo disfrutando todos los días del hoy, estando bien con nosotros mismos física, mental y espiritualmente (aquí agregaría incluso financieramente), sabiendo que las decisiones que vamos tomando en nuestras vidas son las correctas. En diferencia con la dopamina, con la serotonina el pico de alegría es con menor intensidad, pero perdura en el tiempo, por ello se le toma como la hormona de la felicidad, no es momentánea, sino que es duradera.