Gabriela Teasdale
Presidenta de la Fundación Transformación Paraguay
Estamos cerrando un año que no ha sido del todo fácil. Y llegar a este cierre significa una bendición para todos, porque estamos aquí y ahora, con la oportunidad de volver a empezar. La vida parece a veces una montaña rusa: por momentos nos sentimos en la gloria y, sin darnos cuenta, también tocamos lo más profundo. Transitar el dolor es un desafío en el que debemos proponernos vivir un día a la vez y donde lo único que podemos controlar es lo que pasa en nuestro interior.
Tenemos la libertad de decidir cada mañana con qué actitud enfrentaremos el día, el mensaje que daremos al mundo a través de nuestra propia vida. Tenemos la oportunidad de elegir cuánto amor entregaremos a las personas que nos rodean. Cada experiencia nos lleva a ser más conscientes de eso que queremos dar. En estos días, sufrí la partida de un ser muy querido y eso hizo que me diera cuenta de lo frágiles que somos, de que la vida es un suspiro y puede llegar un momento donde todo se acaba.
De ahí la urgencia de abrir los ojos para entender el verdadero valor del “tiempo” y de cómo lo estamos invirtiendo. Qué hacemos y qué disfrutamos, cómo el mundo se transforma en un lugar mejor gracias a nuestro trabajo cotidiano, cuántos “te quiero” decimos, cuántos abrazos damos, las ayudas o servicios que brindamos, cuánta empatía sentimos, cuántas sonrisas regalamos, cuántas veces estuvimos presentes cuando nos necesitaban.
Es necesario poner en la balanza todo lo bueno que somos capaces de generar día a día para no arrepentirnos de lo que dejamos de hacer o de las heridas o daños que generamos en otros a través de nuestras palabras o acciones. Y soltar todo eso que no nos sirve, despojarnos de lo superficial, las preocupaciones, ese ruido externo que solamente puede alejarnos de nuestro propósito. Entregar amor sin reserva, enfocarnos más en los demás a medida que crecemos y fortalecemos nuestro mundo interior.
Me animo a invitarte especialmente durante este tiempo a que puedas escaparte de todo aquello que te distrae para enfocarte vos también en tu vida interior, en fortalecer lo que de verdad vale. Disfrutar, cantar, bailar, reír, abrazar, amar, dar, sonreír más y estar siempre para los demás.
Muy pronto compartiremos con nuestros seres queridos otra Navidad. Busquemos que el nacimiento se produzca en nuestros corazones, haciendo lo que Jesús vino a enseñarnos, amando incondicionalmente y honrando la vida con nuestras buenas acciones.