Marcelo Codas
Socio del Estudio Codas
@CodasMarcelo
Cuando las empresas familiares llegan al momento en que resuelven iniciar el proceso de profesionalización o de corporativización piensan en incorporar un gerente general o un director externo.
La profesionalización no tiene que ver con quién es la persona que dirige la empresa (si es miembro de la familia o no), sino en cómo la dirige. La gestión profesional es una gestión fundamentalmente analítica, que se apoya en procesos claros de toma de decisiones con fundamentación cuantitativa, sistemas formales de coordinación, estrategias explícitas, estructuras de jerarquías definidas, etc. (Alberto Gimeno).
La coporativización es el proceso mediante el cual se lleva a una empresa ya consolidada (es decir, habiendo superado las amenazas diarias de extinguirse y/o no ser viables) a convertirse en una entidad que sea sostenible en el largo plazo y totalmente prescindente de toda persona a cualquier nivel en la organización.
Profesionalizar o corporativizar implica una transformación del comportamiento de la organización y ello conlleva, necesariamente, a implementar cambios que el fundador debe estar convencido que son necesarios llevarlos adelante para permitir la continuidad de la empresa a través de las generaciones siguientes. Este proceso en la empresa es también un proceso de transformación del fundador.
Las empresas familiares, especialmente aquellas que están en el tránsito de la primera a la segunda generación, deben necesariamente trabajar en la profesionalización o corporativización de la empresa, para poder lograr una transición ordenada e igualmente poder proyectar a la empresa en el mercado, a medida que pasa el tiempo, y lograr así su trascendencia.
La primera pregunta que el fundador debe hacerse es si realmente él está convencido que este proceso debe llevarse adelante, ya que, en caso contario el mismo está condenado al fracaso. No caben dudas que si lo que se busca es la trascendencia de la empresa en el tiempo, dicho proceso debe llevarse adelante. Pero no es menos cierto que existen ciertas barreras y dificultades que se darán durante los trabajos que requerirán un verdadero convencimiento para que el trabajo sea lo suficientemente efectivo.
Las principales dificultades, conforme lo explica Paula Molinari, son: La inversión de dinero; la inversión de tiempo y esfuerzo; la incertidumbre, el temor del dueño de asumir otro rol, el temor a que se produzcan conflictos. Existen también algunas barreras, siendo las principales: Familiares que deben dejar de trabajar en la empresa, que los miembros de la familia no ocupen los puestos de mayor responsabilidad en la empresa.
Para llevar adelante este proceso, es conveniente que la familia cuente con el apoyo de un profesional especializado, que puede cumplir el rol de gerente general o de director externo. Ambas opciones son válidas y dependerá, fundamentalmente de lo preparada que esté una familia para recibir un gerente general para optar o no por su incorporación.
Si una familia está preparada, la opción podría ser la de incorporar a un gerente general, familiar o no. Ahora bien, en caso contrario, es conveniente contratar los servicios de un director externo para la activación efectiva del directorio e igualmente para que colabore con la familia en preparar a la misma para la incorporación de un gerente general.
El paso que debe dar el fundador no es fácil ya que para él la empresa es un hijo más y al iniciar el proceso le va a ir soltando la mano al mismo. Pero es una tarea necesaria, que debe ser realizada sin prisa, pero sin pausa y de manera consistente para que rinda los frutos esperados.