Dr. Diego Marconatto
Profesor Titular de la Fundación Don Cabral
“¡¡¡¡Falta de disciplina!!!!” He escuchado mucho esta frase en reuniones de junta, en reuniones de planeación estratégica como una debilidad de las empresas y en trabajos de rediseño de procesos como serias disrupciones que comprometen el desempeño de las organizaciones. Al principio parece claro lo que piensan los administradores, pero siempre me pregunto qué hay detrás de esta frase tan obvia y clásica.
Provocador y curioso sobre la gestión y el comportamiento humano, cuestiono a los interlocutores y las respuestas dan la impresión de que los empleados no obedecen las normas establecidas por el alto mando, no siguen los procesos y procedimientos definidos y que aparentemente existe una rebeldía en el cumplimiento de órdenes, reglas y realizar actividades en la forma en que fueron previamente establecidas.
Es como si existiera una cierta anarquía organizacional y, según ellos, esto conduce al descontrol de la organización y la falta de norma fomenta errores crónicos que contribuyen a la improductividad y malos resultados en toda la organización.
¿Sería la indisciplina la causa principal de los problemas organizativos? Si todos obedecieran a los “comandantes” y siguieran las reglas, ¿nuestras organizaciones brindarían un desempeño mejor de lo esperado? La respuesta pura y simple es ¡¡¡NO!!! Durante muchos años tuve la misma percepción de que las reglas se deben obedecer y que protegen a la organización y a quien las ejecuta, pero desde hace un tiempo me cuestiono qué tan monótono sería si me mantuviera dentro todo el tiempo, las reglas y métodos muchas veces impuestos por quienes desconocen las actividades o están alejados de la operación.
Ser disciplinado quizás sería más fácil, ya que seguiría las reglas de manera formal y si al final el resultado es malo, todo sería culpa de la regla o método y no de quienes las siguen. La anarquía organizacional arriesga al empleado y a la organización, pero genera una “energía vital” transformadora que es el cambio organizacional y la innovación.
Suena gracioso, pero exactamente los mismos “comandantes” que exigen disciplina, también exigen innovación, proactividad y agilidad en la toma de decisiones.
El desafío está hecho: ¿Cómo aprovechar la energía vital y transformadora de la anarquía organizacional sin perder la norma y obedeciendo las reglas que protegen a la organización y al colaborador que las ejecuta? La palabra clave sería “compromiso”.
Comprometer a todos con el “resultado” es la fórmula mágica para contener la energía en estándares que generen resultados transformadores que llevarán a la empresa a límites competitivos nunca imaginados por las organizaciones. Ya es posible encontrar organizaciones que logran manejar este caos creativo dentro de límites estructurados, generando energía vital e innovación constante.
Pero, ¿cómo lograron hacer esto? Solo tres reglas o, mejor dicho, tres características: ‣ Objetivos claros y comunes y recompensas para todos los participantes. ‣ Participa quien quiera. ‣ EGO es abominable y no tiene espacio en este lugar. Suena simple, pero para que esto suceda, la organización y las metas deben ser deseadas por los empleados, y esa es otra historia.
En la Fundación Don Cabral, a través del Programa PAEX, ayudamos a las organizaciones a crear energía vital y transformadora en busca de innovación constante en la búsqueda de resultados que son cada vez más necesarios en el mundo moderno.